A pesar de todo, ¡viva el diálogo!


Un día después, la cumbre de Sánchez y Torra dejó a España dividida. A un lado, como bien saben los lectores de La Voz, quienes son implacables con el presidente español y lo acusan de todo: de traicionar a España, de humillarse ante un inhabilitado o de degradar al Gobierno y a la democracia. Al otro, el de quienes desconfiamos del futuro de la negociación por la intransigencia del independentismo, pero creemos que, si hay alguna posibilidad de arreglo, pasa por una solución negociada.

Este cronista -lo siento, venerado Blanco Valdés- defiende que se hable y que la palabra diálogo no sea una simple referencia lírica de los discursos. Quién sabe si, a base de exponer razones opuestas, se acaba llegando a la verdad. Como no se llega es con una política de puertas cerradas, en un combate verbal en los medios o con acciones populistas como la querella contra Torra por usurpación de cargo. Eso recuerda aquellas «mesas petitorias» que el mismo PP hizo con motivo del nuevo Estatut y ahí están los resultados: no consiguió nada, pero se sigue utilizando como uno de los principales agravios para justificar el separatismo.

Pedro Sánchez quizá tampoco consiga mucho con esa política que Josep Borrell calificó como «de ibuprofeno». Pero al menos logrará dos cosas. La primera es partidista, pero con efectos en la política general: el PSOE, que es el Gobierno de España, rebajará los índices de rechazo que tiene en Cataluña. Quien ofrece una posibilidad de salida negociada no es el malo de la película. La segunda, muy parecida, es que el Estado español dejará de ser un elemento maligno que solo utiliza policías y jueces en su relación con Cataluña. Ganará imagen de Estado que hace cumplir las leyes, pero está abierto a asumir las singularidades catalanas, que existen como existen las gallegas, aunque el pensamiento más fundamentalista y excluyente de la unidad nacional se empeñe en negarlas.

En cambio, el PP «de Madrid, al cerrar las puertas al diálogo y querer aparecer único representante del constitucionalismo, sigue teniendo un altísimo grado de rechazo en el electorado catalán. Frente al aceptable porcentaje de votos que consiguió en el conjunto de España, las últimas encuestas dejan su intención de voto en Cataluña en un modesto 6 %. Con ese porcentaje no puede aspirar a ser influyente. ¿Puso en riesgo la unidad de España Pedro Sánchez al verse con Torra? Entiendo que no. ¿Ayuda a la misma unidad la querella contra Torra? Respondan los lectores, pero creo que, como siempre, ayudará al aumento del separatismo. Por todo eso sostengo que el diálogo debe continuar, aunque a corto plazo solo coseche fracasos. El puro enfrentamiento solo conduce a la desunión.

Comentarios

A pesar de todo, ¡viva el diálogo!