Eutanasia, comienzo alucinante


Hemos vuelto a la «normalidad parlamentaria» (es decir, a que los diputados y senadores trabajen) y tan feliz acontecimiento se estrenó con el desvarío, como corresponde a esta legislatura. Fue anunciar el Gobierno su propósito de inaugurar legislatura con la ley de eutanasia, y la oposición conservadora y ultraconservadora se puso las mejores galas del discurso demoledor. Un diputado del Partido Popular dijo que detrás del proyecto de ley están los recortes. Traducido al castellano: se ayudará a morir a la gente para ahorrar en gasto sanitario. Otro diputado de Vox fue mucho más claro y acusó a los promotores del proyecto de querer sanear las cuentas del Estado y ahorrar en pensiones abriendo la puerta de la eutanasia. Y su jefe, don Santiago Abascal, acudió a la comparación y descubrió que en el norte de Europa «los ancianos casi salen corriendo de los hospitales porque tienen miedo de que acaben con ellos a partir de cierta edad».

Eso se ha dicho durante el día de ayer, antes del pleno del Congreso. Es fácil suponer que el debate que empieza no va a ser apasionado; va a ser alucinado. Miren que hay argumentos para oponerse a lo que unos llaman suicidio asistido y otros, muerte digna. Miren que los señores del PP tienen una alternativa perfectamente defendible, que es la ley de cuidados paliativos. Y miren que hay doctrina científica y argumentos religiosos para defender el derecho a la vida o la dignidad del sufrimiento y para negar el derecho de una persona a decidir sobre su final.

Pero no: en la fiebre por buscar titulares -supongo que será eso-, los más conservadores del barrio se lanzan exactamente por lo que no pueden demostrar: las supuestas, las increíbles razones económicas para ayudar a alguien a bien morir. ¿Cuántos mayores tendrían que fallecer para que el coste de las pensiones que dejan de cobrar se note en las cuentas de la Seguridad Social? ¿A cuántos enfermos habría que enviar al cementerio para que se produzca un ahorro en el sistema sanitario? Solo leer esos interrogantes, solo imaginar que algún gobierno pudiera hacer algo así pone los pelos de punta.

Pero así hacen algunos los grandes debates políticos en este país. El de la eutanasia va a ser uno de ellos.

Espero que los trámites parlamentarios de esta ley no sigan ese camino. Espero que los más adversarios admitan, al menos, lo que está en el espíritu de la ley: que hay enfermedades irreversibles, que hay sufrimientos insoportables, que hay familias que sufren tanto como el paciente y que hay un momento en la vida en que, por desgracia, la muerte es la liberación. Siempre que se provoque con criterios avalados por comités médicos y desde la seguridad de que no hay otra solución.

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