«¿Fue Facebook responsable de la elección de Donald Trump? La respuesta es sí, pero no por las razones que todo el mundo cree». El autor de esta frase rotunda es Andrew Bosworth, uno de los vicepresidentes de la compañía de la red social. La puso en negro sobre blanco en un memorando titulado Reflexiones sobre el 2020. Un documento más que interesante que da muchas pistas de cómo funciona la propaganda política en la era digital. Y en el que se hacen algunas afirmaciones cuando menos polémicas o discutibles.

Bosworth minimiza la importancia de la injerencia rusa o de la ingeniería social de Cambridge Analytica en las histéricas e históricas elecciones estadounidenses del 2016. También tacha de mito que las redes -y los algoritmos que las gobiernan- limiten la exposición de los usuarios a contenidos del mismo sesgo ideológico, aunque sí reconoce que la polarización es un problema. Y sostiene que Trump ganó porque «hizo la mejor campaña de publicidad digital nunca vista. Y punto».

¿Tiene razón? La nueva carrera presidencial en EE.UU. se la da. El último gran contendiente que ha entrado en liza, el multimillonario demócrata Michael Bloomberg, se está gastando un millón de dólares al día en anuncios en Facebook y en su aplicación hermana, Instagram (formidable herramienta de propaganda y mucho más que una aplicación para subir fotos o vídeos bonitos).

El antiguo alcalde de Nueva York está dispuesto a darle a Trump la batalla en su terreno. Con márketing digital, publicaciones en cuentas de usuarios con millones de seguidores en Instagram, una avalancha de memes y con puñetazos en Twitter como «se ríen de ti a tus espaldas y te llaman payaso ladrador [...] Heredaste una fortuna y la malgastaste con acuerdos estúpidos e incompetencia... Tengo los recursos para ganarte. Y lo haré». 

Si Bloomberg, que entró tarde en la carrera presidencial y es un valor al alza en la nominación demócrata, rompe los pronósticos (hoy todo apunta a la reelección de Trump)  y logra ese gran objetivo, habrá que repensar la mítica frase que acuñó la campaña de Bill Clinton en los 90 y pasar del «es la economía, estúpido» al «son Facebook e Instagram...». 

Comentarios

«Son Facebook e Instagram, estúpido»