Eutanasia. Suicidio


A) Eutanasia. Un libro de libros compuesto entre unos 600 y 1.700 años antes del Corán no deja de aherrojarnos. En uno de los pasajes más certeros, revelador de los criterios oscuros que se emplean en las relaciones, habitualmente agresivas, entre los hombres, la Biblia habla de la «paja» y la «viga». La paja la vemos en el Corán; la viga de nuestro ojo, invisible es.

También se detecta paja en el puritanismo protestante anglosajón y en el catolocismo ortodoxo oriental e, igualmente, las vigas propias no las vemos y son vigas vigorosas, aptas para ser raíles por los que rueden trenes. O, ¿acaso no es el pin perental de Vox de una naturaleza concomitante con el puritanismo-viga?

El catolicismo, en línea con las religiones de libro, a cambio de prometer la no-muerte, esto es, el quicio de la conciencia, la masa que tira del ser, inyecta su anestésico en las almas en pena que solo en el regazo de los obispos hallan sentido. Vidas capturadas por estos divinos virreyes terrenales y su doctrina milenaria, tan ajena a los vientos de liberación personal que volvieron a soplar a partir del siglo XIV, tras la brusca e irracional interrupción de los que venían desde el Mediterráneo central y oriental desde la segunda mitad del primer milenio a.C.

Entre las prohibiciones, bajo la amenaza del pecado-guillotina que deja la cabeza sobre los hombros pero cercena la «vida eterna», está la eutanasia. La eutanasia es una decisión transcendental de la persona, una decisión inviolable. Quien haya caído en la verborrea, ya católica, ya puritana, de igualar el sufrimiento de Jesucristo con amor y resignación, que lo iguale. Pero quiten sus «sucias manos» (Charlton Heston, en El planeta de los simios) de los cuerpos paralizados, mutilados, desgarrados, dolientes, de quienes piden acabar con la no-vida.

B) Suicidio. La religión no es un ligue de verano. La religión es re-ligación, un bondage, un minucioso arte propio de maestros japoneses que inmoviliza al sujeto con un complicadísimo entretejido de cuerdas (ligamentos en la espiritualidad).

El hombre ya fue originariamente un muñeco de barro que, al ser animado por Yahvé, quedó a Él sujeto, ligado, pegado, sumiso. A Él le pertenece. Es su Amo y Señor. La mujer corre todavía peor destino. Como costilla del hombre, es primero sierva de este y, luego, de Él. Este es uno de los puntos cardinales de la sempiterna degradación de la mujer en el cristianismo, el judaísmo y, con una muy retorcida maldad, en el islamismo.

Es por ello que el suicidio está expresamente condenado en las tres religiones de papel. Yahvé, Dios y Alá disponen de la vida y la muerte de sus criaturas, carentes por tanto estas de voluntad, lobotomizados.

No es la religión, sin embargo, la única valla con concertinas levantada para impedir el suicidio. Desaconsejado el intento de exponer en un texto breve toda una batería sociocultural que trata de abortar el cese de la vida propia, apreciamos en esa línea de fuego de artillería una vulneración más a la libertad individual.

Porque no nos estamos refiriendo a quienes padecen enfermedades mentales de suma gravedad, que los psiquiatras diagnostican como potencialmente mortales, por suicidio. Estamos pensando en las personas que están en posesión de su «sano juicio». Y para no abrir un debate acerca de qué es ser juicioso y, correspondientemente, ajeno a la inclinacicón de dar término a la existencia, diremos que poseer un juicio sano es un imposible, aunque hay gradaciones.

No padecer transtornos psicóticos o depresión invalidante no excluye a quienes, siendo etiquetados como normales, estar libres de afección mental por sus creencias (religiosas, políticas), estatus social, educación, adoctrinamiento, vivencias extraordinarias (positivas o negativas), etcétera.

Entonces, aptos los normales para trabajar, gobernar, ser nazi, tener fe, ser explotador..., ¿por qué privar de quitarse de en medio cuando, en posesión de un sano juicio, alguien llega a la conclusión de que su dintorno, al igual que su entorno, incluso el horizonte que se presenta ante él, son una puta mierda?

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