No lo llames carapolla

Pepín Fernández
Pepín Fernández REDACCIÓN

OPINIÓN

26 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Se ha puesto de moda insultar al alcalde Madrid con esa horrible palabra. También se le insulta haciendo referencia a su estatura o a sus relaciones afectivas. Es una enorme victoria del Trumpismo que esto esté sucediendo. La radicalidad y la transformación política deben cambiar las formas y el fondo. Si insultas a alguien por su aspecto físico no te diferencias del fascismo. Si pones en duda su legitimidad no te diferencias del fascismo. El verdadero peligro del fascismo es el contagio. Vencen por contagio.

Si me descalificas por ser calvo y feo, como se puede ver en la foto que acompaña el artículo, estás denigrándome, estás humillándome y buscas destruirme, porque es algo que yo no puedo mejorar ni cambiar. Lo contrario de Trump no es un hombre maleducado y soberbio como Bloomberg, lo contrario de Trump es gente que desde la educación y el respeto contraponen propuestas y argumentos. Hay una línea roja entre un rival con una idea política diferente y alguien que se dedica a faltar a los demás; alguien que ha pasado todos los límites y se convierte en enemigo de la democracia como Trump.

Lo contrario de un grito es el silencio, no otro grito. Ante el griterío fascista, tenemos que contraponer la voz mesurada, la escucha y el entendimiento entre diferentes, no contestar con gritos a sus gritos. Esto es lo que debe delimitar el «ellos» y el «nosotros» en política. «Nosotros» somos quienes no ejercemos violencia de ningún tipo y quienes respetamos al otro. Quienes entendemos que hay que erradicar al delito, no al delincuente. «Ellos» son, entre otras cosas, quienes se ríen de un rival político por su aspecto físico, aunque se autotitulen de izquierdas.

Se supone que quienes somos de izquierda queremos transformar la sociedad, queremos un mundo mejor. Difícilmente podemos creer en ese mundo mejor si no lo ponemos en práctica en cosas tan sencillas como el respeto en el discurso público. Lo triste de todo esto es que, al señor Almeida, se le puede atacar por todos los flancos. Fue compañero cercano de personas implicadas en graves delitos como Bárcenas, Ignacio González, Francisco Granados o Alberto López Viejo, entre otros. Y fiel seguidor de otras personas que están pendientes de pasar por los juzgados como Cristina Cifuentes o Esperanza Aguirre. Es corresponsable, por acción u omisión, en las tramas de corrupción del PP de Madrid.

Ahora que se acerca el aniversario del 11M, no podemos olvidar la infamia colectiva de su partido político, del que él formaba parte destacada en ese momento, con un cargo público relevante. No se desmarcó de la mentira sangrienta de su partido, ni de las risas y los ataques permanentes hacia una persona de la dignidad de Pilar Manjón que solo defendía la memoria de su hijo. Como miembro de la oposición se basó exclusivamente en el ataque destructivo y como gobierno no tiene más proyecto político que el de tener el poder y odiar a Carmena. Además, ha actuado cobardemente, siendo incapaz de enfrentarse al fascismo que hace apología de los asesinatos machistas. Como se puede ver, se puede ser muy duro con la figura política de una de las peores personas del escenario político español, y no insultarlo ni hacer mención alguna a su físico o a su aspecto personal.

Estamos en momentos muy duros y difíciles. En muchos sentidos, estamos al borde del abismo. De aquí se sale construyendo alternativas políticas transformadoras. Y si hay algo hay necesario de ser transformado en la política son las formas. Nada hay más revolucionario en nuestra democracia que ser capaces de comunicar la necesidad de cambio político desde la ejemplaridad.

Hay un magnífico pasaje de cien años de soledad. Los abogados vestidos de negro vienen a ver al Coronel Aureliano Buendía, para pedirle que «amplíe la base social de la revolución», hoy diríamos que para que fuese más transversal. El coronel manda parar el discurso revolucionario de uno de sus subordinados, y dice «Esto quiere decir que ahora solo luchamos por el poder, ¿verdad?, es para tenerlo claro, ahora solo nos interesa el poder». Gerineldo, el hombre callado y moderado, el compañero fiel de siempre, es el único que da un paso al frente. Porque si luchamos por transformar la sociedad, si luchamos por un cambio real y no solo por el poder, somos diferentes a los trumpistas y a los fascistas, y se tiene que notar en nuestras formas. Por eso te pido que no insultes a nadie por su físico, y se te refieres al alcalde legítimo de cualquier pueblo o ciudad, trátalo con respeto. No luches solo por el poder, lucha por la utopía, no seas como él.