Una vuelta de tuerca al test del fascismo


Redacción

El lector de este diario conoce sobradamente desde hace dos semanas el malestar de un padre (o unos padres) del alumno (o alumnos) del Instituto Aramo de Oviedo que tuvo que responder a un test que les presentó un profesor de Historia (y de Geografía y Arte) para saber cuán cerca, o lejos, estaban sus estudiantes de la ideología fascista, y suponemos que, a continuación, el docente les dejaría claro el abismo que separa el fascismo y la democracia.

Conoce el lector de este diario que el test fue confeccionado a partir de los 14 puntos expuestos en una conferencia dada por el semiólogo Umberto Eco en la Universidad de Columbia, el 25 de abril de 1995, que apareció publicada en The New York Review of Books con el título Eternal Fascism, el 22 de junio del mismo año, y traducida en La Reviste dei Libre, de julio-agosto siguientes, como Totalitarismo fuzzy y ur-fascismo, y, finalmente, se recogió en un libro, publicado en castellano por la editorial Lumen en 2018, Contra el fascismo

A través de estos 14 apartados, Eco daba una guía para identificar al buen fascista. Él mismo, de niño, fue obligado a memorizar pasajes de los discursos del fundador del fascismo, Benito Mussolini, político, antes periodista de izquierdas, muy admirado por el aún poco significante Adolf Hitler. Los niños italianos tenían que entonar estrofas de las camisas negras, a la manera del Cara al Sol de nuestros padres y abuelos, o a la manera de las lecciones raciales que, en el presente, reciben los escolares en Cataluña, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, el País Vasco y Navarra.

Pero no nos sentimos sorprendidos cuando el padre (padres) del alumno (alumnos) del Instituto Aramo dijo, a propósito del test, que el profesor estaba «adoctrinando», como en Cataluña. La no sorpresa proviene bien porque el padre (padres) es receptor dominical de la hostia sagrada del resucitado de Mussolini, por mediación del espíritu santo nacional (Francisco Franco), bien porque ese padre (padres) no tiene ni puta idea de lo que desde hace un tiempo se ha hecho popular denominarlo «valores» («educación en valores»), una vez que la economía del valor de la explotación ha inseminado al cuerpo social, penetrando muy profunda e intencionadamente en el tejido cultural.

Esos valores no son otra cosa que la ética personal de no dañar al prójimo y de la moral pública encaminada a eliminar los vertederos de basura que colmata la naturaleza humana con su propensión al consumo voraz de todo lo que pueda engullir y desechar su tubo digestivo, incluidos los hombres, carne muy apreciada. Aquí se ha de recordar el «me sentía tragada por una ballena», de Carmen Martín Gaite en El cuarto de atrás, relato superable, pero no por muchas plumas.

La vuelta de tuerca anunciada en el título va referida a la ineludible necesidad de que el test del fascismo sea obligatorio en los institutos de todo el país, porque es un método de enseñanza diáfano que hace entender a los adolescentes qué no es la democracia, qué es el radicalismo ideológico que, no satisfecho con enaltecer el odio al diferente, hace del igual (el español) un otro, pero no un otro cualquiera, un otro deformado, simiesco, en relación al catalán de solera, ario, sea esto lo que sea para ese extraordinario tipo de catalán, que ni Himmler, que envió expediciones hasta el Tíbet para averiguarlo, no obtuvo respuesta, y no la obtuvo porque no existe el ario. Solo se puede hablar, conforme a la ciencia, de los indoeuropeos, que en absoluto eran homogéneos anatómicamente.    

Esta vuelta de tuerca hemos de completarla: El test tendría que ampliarse, no en el número de sus puntos (14), sino que, desde el tuétano de los mismos, pudiera abarca, además del fascismo, al populismo del extremo opuesto (Podemos, la CUP, Bildu, BNG…) y a la xenofobia nazi (JxC, ERC, PNV, Más, Compromiso…). Pero en este lodo también están quienes dialogan con ellos, caso de la Mesa de los Golpistas, que está reuniendo a JxC, ERC y PSOE, que, sin embargo, la rotulan Mesa de Diálogo Político; o sea, algo así, para despistar, como El trabajo os hará libres.

El sanchismo apoya decididamente, y con hechos, la sedición catalana y vasca y pacta repartos de poder con la estirpe que parió ETA. Podemos, sobremanera, y el PSOE de Sánchez, hermanados con los tiranos latinoamericanos, son la izquierda cínica, dogmática (todo dogma es una aberración), que arroja cal viva a los cultivadores del socialismo del siglo XIX, utópicos, sí, pero honrados y decentes, según el Eco-test. La estocada que el Gobierno Sánchez-Iglesias ha dado a la Nación política española es de una profundidad tal que parece irreal, ajena, de otro planeta, inimaginable.

(Los 14 apartados de Eco fueron analizados por La Voz de Asturias en un artículo titulado El fascismo según Umberto Eco, publicado el 27 de octubre de 2019).

Comentarios

Una vuelta de tuerca al test del fascismo