Supermartes en EE.UU.


Suena a concurso televisivo, pero en realidad el supermartes se refiere al día de votación más importante en el proceso de las primarias de EE.UU. Los demócratas de 15 estados, más los residentes en el extranjero, votan al equivalente del 34 % de todos los delegados o compromisarios que elegirán formalmente al candidato presidencial que se enfrentará a Trump en noviembre. Se les ha dado mucho bombo a las cuatro votaciones de febrero (Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur). Pero la realidad es que el número de compromisarios elegidos hasta la fecha es tan solo 155. En el supermartes se eligen 1.357 delegados, incluyendo los 415 de California, los 228 de Texas y los 110 de Carolina del Norte.

El candidato de la izquierda progresista Bernie Sanders ha ganado en los tres primeros estados. Llega al Supermartes en trayectoria ascendente. Joe Biden ha revitalizado su moribunda campaña con una amplia victoria en Carolina del Sur (casi 30 puntos por encima de Sanders), cimentada en particular en el voto afroamericano. Encara el supermartes en una situación más esperanzada, pero tiene problemas de recaudación de fondos.

Sanders y Biden se disputan el liderazgo en el cómputo provisional de delegados, en torno a los 60 cada uno, seguidos del «alcalde Pete» Buttigieg (26). Pero esos números son insignificantes: se necesitan 1.991 delegados para alcanzar la mayoría que asegura la nominación. El tsunami del supermartes alterará radicalmente el cálculo matemático de esta carrera por la nominación.

Sanders encabeza claramente las encuestas en California y Texas. La izquierda moderada se divide: no aparece un claro candidato, consistente y popular, que aglutine al centro-izquierda. Doble pregunta clave para este supermartes: ¿Puede alguien parar a Bernie? ¿Surgirá por fin Mike Bloomberg, por primera vez oficialmente en las papeletas de las primarias, como una alternativa viable a Sanders?

Bloomberg se disputa con Biden el voto de los demócratas moderados que piensan que Bernie no tiene opciones, a nivel nacional, de batir a Trump. Pero su nefasta actuación en el debate de Nevada el 19 de febrero supuso un duro golpe a su imagen pública. Estuvo un poco mejor en Carolina del Sur el 25, defendiéndose de acusaciones de acoso sexual como líder de su compañía y medidas racistas de su administración como alcalde de Nueva York. Tampoco es capaz de articular una visión ideológica de conjunto clara y persuasiva.

El de Sanders es un movimiento político dinámico, «multigeneracional y multirracial» (como dice él), de seguidores muy fieles. Se nutre sobre todo de gente joven, votantes con ideas progresistas.

La candidatura de Sanders recuerda a la de Trump en el 2016: es una corriente insurgente, de revolución. De resurrección de los valores de la base tradicional demócrata: gente trabajadora, sindicatos, los descontentos con la desigualdad económica rampante. Su estilo es apasionado, directo. ¿Podrá ganar la nominación? El supermartes dictará un primer veredicto definitivo.

Por Jaime González Ocaña Doctor en Clásicas y profesor en Connecticut (EE.UU.)

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