La esencia del procés: el 3%

OPINIÓN

11 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace quince años Pasqual Maragall destapó el robo del 3%. Hace quince años Maragall -en el fragor de la batalla dialéctica en el Parlament por el desastre del Carmel, Maragall en el Govern y CiU en la oposición- apuntó con el dedo a Artur Mas y disparó: «Ustedes tienen un problema y este problema se llama 3%». Aunque después se retrajo de lo dicho, lo dicho dicho estaba. Quince años después esa verdad se ha hecho evidente. La base económica de la élite del procés se ha alimentado continuadamente del cobro de comisiones a cambio de contratos públicos. Ahora ya es de una claridad meridiana que la burguesía burocrática catalana “también” roba a los catalanes.

La entonces sospecha exigió una comisión de investigación que concluyó: «Un presunto cobro de comisiones a cambio de adjudicaciones de obras públicas en Catalunya que no se ha podido acreditar». Pero el fantasma del 3% volvió a aparecer con el caso Palau en 2009 cuando se sacó a la luz judicial el pago de comisiones de Ferrovial a CDC utilizando la institución cultural. Curiosamente, como declaró uno de los acusados, el 3% era variable y podía llegar al 4%, «porque Convergència pedía más dinero».

La Audiencia de Barcelona condenó a Millet, el presidente de la fundación, a 9 años y 8 meses de prisión; a Jordi Montull, mano derecha de Millet, a 7 años y 6 meses; y al extesorero de CDC Daniel Osàcar, a más de 4 años. En 2009 con el caso Pretoria, la mayor trama de corrupción urbanística en Catalunya, estuvieron involucrados un exconseller y un exsecretario de Presidència que fueron condenados. Pero el golpe definitivo vino con la confesión de Jordi Pujol en 2014. Era obvio que la fortuna ocultada en Andorra provenía del 3%.

Convergència Democràtica habría recibido 6.676.005 euros. Porque el 3% no es un cifra, sino un base económica. Los empresarios contactaban con el tesorero del partido y se interesaban por un contrato. Después hacían donaciones a las fundaciones del partido durante el concurso hasta su concesión. Las fundaciones transfirieron 5.800.000 euros al partido entre 2010 y 2017.

Desde Puyol, pasando por Mas, y llegando al dúo Torra-Puigdemont, la élite del procés -una auténtica burguesía burocrática, constituida gracias al control del enorme presupuesto y el gigantesco poder político y social que otorga la autonomía catalana- se ha impuesto sobre la mayoría de la sociedad catalana. Tal clase -sus intereses y sus proyectos- es la protagonista de todas las turbulencias que el procés ha provocado. Ya no es la vieja burguesía catalana basada en la actividad productiva y en la venta de sus mercancías, sino una auténtica burguesía burocrática que vive de la gestión y saqueo de los fondos públicos.

En 1980, cuando se celebraron las primeras elecciones autonómicas, la izquierda, que había obtenido mayoría, aunque distribuida en diferentes partidos, renunció a gobernar, y entregó la Generalitat a Jordi Pujol. Desde entonces -y por encima de cambios políticos, como los dos tripartitos encabezados por el PSC- se ha construido una nueva élite de poder en Cataluña. Se ha gestado una nueva clase.

En siete años de gobierno Mas y Puigdemont manejaron la astronómica cifra de 266.518 millones de euros, sumando presupuestos y aumento de la deuda. Esta es la cuenta del enorme poder que disponen, base desde donde desplegar su proyecto de fragmentación.

La Generalitat tiene el control directo de 278.000 funcionarios, incluyendo las administraciones autonómica y local, a los trabajadores públicos sanitarios, docentes, Mossos y policías locales. Tienen a su disposición un sector público de más de 200 entidades, de las que forman parte 27 sociedades mercantiles, 54 consorcios y 34 fundaciones, desde ellos controlan la gestión de los contratos públicos y la colocación de personal, especialmente de profesionales afines en los puestos de dirección. Han levantado un enorme aparato de propaganda, con una Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, con TV3 como punta de lanza.