Las pensiones de Escrivá

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Eduardo Parra - Europa Press

10 mar 2020 . Actualizado a las 08:37 h.

Hay personas que, por su competencia, su don de gentes, su serenidad ante el peligro o simplemente porque saben escuchar, inspiran confianza. Esta especie, necesaria siempre e imprescindible en tiempos de crisis, escasea en el zoo político, donde imperan, por remedar a Umberto Eco, los apocalípticos y los integrados. Los profetas de la catástrofe, que generalmente nutren las filas de la oposición, y los mesías redentores, que habitan los aledaños del poder. Frente a esa teocracia de signo opuesto, cuando la tormenta amenaza la estabilidad del buque se agradece la aparición en el puente de mando de capitanes que aúnan solvencia profesional y capacidad de transmitir sosiego a la tripulación. Los nombres de Fernando Simón, que comparece cada día para presentar el parte de guerra contra el coronavirus, y José Luis Escrivá, el ministro de las pensiones, me parecen ejemplos adecuados de lo dicho.

Desconfío de quienes alardean de haber sido cocineros antes que frailes, sobre todo si fracasaron en su primer oficio. En Escrivá, por el contrario, se invierten los términos: él fue fraile antes que cocinero. Incluso fraile inquisidor que, como presidente de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fisc), controlaba la ortodoxia financiera del Gobierno de turno. Lo cual no garantiza su éxito en su nueva misión, pero sí le confiere credibilidad a su triple mensaje: la revalorización de las pensiones según el IPC ha llegado para quedarse, la Seguridad Social es solvente «con el nivel de ingresos que tiene» y el problema que surgirá en el 2025 «es manejable». Tres mensajes tranquilizadores, aunque de distinta consistencia.

El primero solo es una opinión política, expresada en estos términos: «Ningún Gobierno va a ofrecer ya nunca una desvalorización de las pensiones». De eso estamos seguros. Los partidos no suelen practicar el sadomasoquismo con los pensionistas, aunque a veces las circunstancias se imponen. Así sucedió en la Gran Recesión, cuando el IPC, que hasta entonces servía de referencia, fue sustituido por la congelación y el 0,25 %.