En cuarentena, como los astronautas


El ser humano es un animal de costumbres, social, activo. Somos así porque en nuestra más profunda esencia está el relacionarnos para garantizar nuestra supervivencia y movernos para mantener las estructuras corporales plenamente funcionales. Tanto es así que, cuando nos sacan de un entorno con esos ingredientes durante un tiempo determinado, comienzan los problemas y, en consecuencia, desarrollamos patologías fisiológicas e incluso mentales.

Esto ocurre de una manera muy clara en el espacio, donde los astronautas de la Estación Espacial Internacional conviven en un entorno de aislamiento, confinamiento y microgravedad, durante períodos más o menos prolongados de tiempo (hasta más de un año). En dichos ambientes, la actividad física juega un papel clave en diferentes sistemas fisiológicos. No solamente hablamos de estar en forma, sino de prevenir consecuencias cardiovasculares y músculo-esqueléticas que podrían ser muy graves, y de cambios psicológicos que a largo plazo podrían comprometer el éxito de alguna misión. El ejercicio es un elemento regulador indispensable del ciclo sueño-vigilia, relacionado a su vez con la conducta humana, además de serlo también respecto a los ciclos hormonales, de igual importancia a nivel psicológico. En mi trabajo he podido comprobar que muchos astronautas no entrenan por los beneficios físicos en sí, sino porque lo necesitan cada día, para poder soportar las maratonianas jornadas de trabajo y estrés en el espacio. Y funciona, vaya que si funciona. De hecho, realizamos misiones análogas a Marte (simulaciones en la Tierra de una hipotética misión al planeta rojo) para estudiar todo esto y podemos concluir que astronautas que pasan largos períodos de aislamiento (6-8 meses) mantienen una buena salud física y psicológica gracias (en parte) a seguir protocolos de entrenamiento diario.

¿Os suena de algo?

Actualmente, aquí abajo estamos viviendo una situación de cuarentena, conviviendo en un espacio limitado con los mismos tripulantes cada día, en nuestra particular nave terrestre, nuestra casa. Sea en el espacio, o en la Tierra, los efectos de la inactividad física son de igual gravedad. En ambos escenarios es crucial tener una «contramedida» para prevenir los efectos negativos de un entorno poco social, y que nos genera un estrés emocional y ansiedad elevados. Es por ello que entrenar o moverse en casa ha de ser de capital importancia en este escenario. Trabajar la función cardiovascular, las diferentes expresiones de la fuerza, la flexibilidad/movilidad y otros componentes de la condición física es, más que nunca, una necesidad para mantenernos saludables en nuestra misión conjunta como seres humanos: detener esta maldita pandemia mundial.

Para ello, basta con echar imaginación y entrenar en casa con el propio mobiliario (sillones, sillas, almohadas, cojines, mochilas con peso), productos de limpieza (detergente como pesas), productos de alimentación (briks de leche, garrafas de agua...).

Ahora que lo sabéis, ya no hay excusa.

#yomequedoencasa

#yoentrenoencasa

Por Guillermo Rojo Gil Preparador físico de astronautas análogos en el Austrian Space Forum. Trabajó en la Agencia Espacial Europea (ESA) como preparador físico de astronautas en el 2017

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