¿Cuál será el efecto del confinamiento por coronavirus?


A la mayoría de los españoles les ha sorprendido que de pronto el Gobierno haya decidido establecer el estado de alarma (y prolongarlo), cuando pocos días antes se informaba de que el ritmo de contagios era el esperable y que la situación estaba bajo control. Estoy seguro de que muchos se habrán preguntado la razón de adoptar una decisión tan importante que ha supuesto el confinamiento en sus casas de millones de personas y la práctica parálisis de la vida social y económica de todo el país.

Se puede pensar que las autoridades sanitarias no disponían en un principio de una información real del grado de expansión de la epidemia. Y es así, puesto que en efecto esta solo había mostrado su parte más visible, mientras que permanecía desconocido el volumen principal de los infectados, cual iceberg que solo evidencia una pequeña cantidad de hielo en la superficie y el grueso se encuentra debajo del agua.

Tras los datos publicitados diariamente ya se confirmó que la epidemia se había extendido por todo el territorio español, aunque con diferente intensidad en las distintas comunidades autónomas. Por otra parte, comenzó a destacarse la identificación de algunos focos especialmente activos en algunas de ellas, con la inquietante preocupación de afectar al personal sanitario y al colectivo más vulnerable de las personas mayores. Ello concentró el interés de las autoridades sanitarias, que desplegaron su esfuerzo en tratar a las personas enfermas y con particular atención en los que sufrían un agravamiento manifiesto, así como en identificar los contactos previos de los infectados para así limitar su expansión.

Pero concentrados en esas tareas no se reparó en el hecho de que el grueso de la amenaza de la epidemia se ocultaba tras la cortina de la invisible realidad de la imparable cadena de contagios entre personas que estaban infectadas, probablemente de forma relativamente leve, pero con carga viral suficiente como para transmitir la infección a otras personas sanas.

Ahora la cuestión es saber en qué medida el confinamiento de la población española será capaz de lograr interrumpir la cadena exponencial de transmisión del virus en que nos hallamos. Personalmente creo que va a tener un impacto muy notable, aunque difícil de cuantificar al no disponer de datos realistas del número de infectados por haberse reducido la realización de pruebas diagnósticas. Si es así, hacia finales de esta semana se podrán hacer predicciones fundamentadas sobre cuándo se alcanzará el pico máximo de personas infectadas.

Por Juan José Badiola Director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes de la Universidad de Zaragoza
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