Coronavirus, ancianos y biopolítica

Manuel Fernández Blanco
Manuel Fernández Blanco LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

27 mar 2020 . Actualizado a las 18:17 h.

Cuando se dan las cifras de fallecidos a consecuencia de la infección por coronavirus siempre se matiza que la mayoría de los que no sobreviven a la enfermedad son personas mayores y con patologías previas. Se supone que este tipo de comunicación busca calmar a la mayoría, aunque esa tranquilidad sea a costa de una mayor angustia de nuestros ancianos. Es como si nos dijeran: puede estar contento, si usted no está todavía en una edad muy avanzada, se encuentra en el bando de los supervivientes.

Nuestros mayores ya se ven, muy a menudo, como un estorbo en las ajetreadas vidas de sus familiares. Los mensajes que se les están enviando durante esta crisis sanitaria pueden reforzar su sentimiento de ser seres caducos y prescindibles, y de que su muerte no es tan preocupante porque «ya vivieron». Están escuchando que, si los recursos sanitarios no permiten atender al máximo nivel a todos, se realizará una selección de los cuerpos por edad, patologías previas, esperanza de vida, calidad de vida y también «valor social». Independientemente de que la calidad de vida es mucho más difícil de medir que la temperatura, sobre todo si no se escucha el deseo del paciente, la introducción del concepto del valor social de una vida no deja de tener resonancias eugenésicas. ¿Cómo escucharán estas noticias el millón de personas mayores de 80 años que viven solas en España?

Esta crisis ha puesto en primer plano una biopolítica de gestión de los cuerpos y del lazo social. En la estrategia de comunicación de las autoridades no se cesa de insistir en que la llamada tercera edad es la población más vulnerable. Sin embargo, las medidas de protección para los ancianos internados en las residencias para mayores, y para el personal que de modo tan encomiable los atiende en las actuales circunstancias, solo se han comenzado a poner en marcha con rigor desde que la cifra de muertos, en algunas de estas residencias, ha impedido mirar para otro lado.