Lo esencial


Esencial es que un trabajador y un empresario sepa si al día siguiente tienen que parar. Si tiene que ir a la empresa a recoger los bártulos o debe seguir echando leña al fuego.

Esencial es que un Gobierno, sobre todo en una crisis de estas dimensiones, actúe con contundencia, seriedad y sea resolutivo. El sábado, a media tarde, Sánchez anunció que habría cerrojazo desde el lunes. El domingo a mediodía mutó en hibernación. Y horas más tarde (a veinte minutos de sonar la campana) se plasmó en el decreto un parón suavizado y con moratoria hasta el martes.

Esencial es que el Gobierno aprenda de sus errores. Lo hizo mal con el decreto del estado de alarma y ha vuelto a tropezar con la misma piedra en el cerrojazo. Transmiten a la ciudadanía improvisación, desconfianza y una falta de coordinación que no se puede perdonar en el escenario que vivimos. Manejar una crisis de este calibre seguro que no era lo que esperaban cuando se repartieron los sillones. No contaban con tener que compartir un gabinete de crisis y poner en marcha una economía de guerra. Pero su actividad esencial es esa. No necesitamos comparecencias de media hora en las que no se anuncian medidas. No necesitamos que el presidente se dirija los sábados a la nación para darnos datos sobre lo que ha bajado la delincuencia, la contaminación y lo bien que le va al comercio online. No necesitamos un Congreso de mínimos debatiendo hasta las dos de la mañana si se está improvisando mucho o poco. Quédense con lo esencial. Dejen la política para otro momento. Olvídense de sus partidos y de sus promesas. Ahora toca gestión. Eso es lo esencial.

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