Redacción

Me gustaría haber vuelto a esta columna con un tema menos puñetero que el que nos ocupa (y nos ocupará), pero siempre manda la actualidad. Estado de Alarma. Confinamiento. Fin de la libertad de movimiento. Durante estos primeros días tenemos más actividad en nuestras redes sociales que en ningún momento del año, ni siquiera esa maravillosa época que es la navidad nos hace, hizo o va a hacer depender tanto de estos aparatos del demonio (frase de abuela). Pero cuidado. Analicemos la situación actual y lo que nos queda por llegar.

Esta situación inicial que vivimos podemos asimilarla a un enamoramiento. A cuando todo nos parece bonito. Las hormonas en plena revolución distorsionan toda realidad, eso es un hecho constatado científicamente. Nuestro cerebro tiene esa maravillosa (o maldita) capacidad. Y así estamos, idealizando, gestionando el tiempo en función de lo que esas hormonas inteligentes nos dictan. SI no hemos sabido gestionar esa idealización, ese romanticismo inicial (vamos a dejar al margen el debate, que comparto, de la idea del amor romántico) a medida que va a pasar el tiempo vamos a ir aterrizando y encontrándonos que eso que las hormonas en guerra nos alimentaban no era tanto como parecía, o la menos, no tan bonito.

De ahí la importancia de construir relaciones que se basen en algo más que en esa química inicial qué, para que negarlo, a todas nos pone un poco. SI hemos conseguido construir bases sólidas de comprensión, acompañamiento, respeto y admiración mutua, de construcción conjunta y por separado, cuando superemos esa fase inicial, esa relación tendrá mimbres para seguir por buen puerto. Pues bien, con esto de mantenernos en confinamiento, cuarentena, etc… pasa un poco lo mismo y las consecuencias de no gestionar esto de manera adecuada desde un inicio pueden traer consecuencias a medio y largo plazo que se van a convertir en aumentar la población, ya tan (oculta) de personas con problemas de salud mental.

Esta semana hablaba con una amiga, ambas hemos pasado por una depresión hace algunos años (digo hemos, aunque no creo que esto se vaya nunca del todo) y hablamos de la importancia de cuidarnos mutuamente, de ser conscientes. Sí ya hablamos de las cifras absolutamente devastadoras de crisis de salud mental, de suicidios y de la negligencia absoluta por parte de las administraciones en cuidar (nos) esta parte, que es vital, de nuestra salud ¿Qué ocurrirá en las circunstancias actuales? No voy a dar sintomatología asociada a un estado como el que vamos a vivir, para eso hay profesionales de la salud mental que empiezan a poner en altavoz (y que llevan haciéndolo desde hace mucho tiempo) con las consecuencias que tiene y va a tener no articular mecanismos de atención a todas esas personas que se van a ver (porque va a pasar) sobrepasadas emocionalmente por esta crisis.

Ahora más que nunca debemos reforzar el sistema sanitario de salud mental, poner a disposición de la sociedad herramientas que faciliten esta gestión y la normalización absoluta de las distintas consecuencias que puede tener el aislamiento social al que vamos a estar obligadas. España es un país mediterráneo, con todo lo que eso supone culturalmente. Necesitamos el contacto social para sobrevivir ante cualquier circunstancia. La situación actual va a dejar a flote la mala gestión de años en cuanto a la salud mental. Hemos de ser capaces de gestionar el tiempo de manera óptima y eso quiere decir gestionar los tiempos de iniciativas, adaptación a la situación y emociones encontradas.

NO dejéis de salir a aplaudir a las ventanas, pero recordad estar especialmente pendientes de vosotras mismas, de mirarnos al espejo y pedir ayuda. Hablad y verbalizar es la mejor manera de luchar contra ciertos demonios. Más que nunca vamos a necesitar conocernos un poco mejor y saber cuando estamos a punto de rendir la espada. Claro que vamos a salir de esta, pero lo ideal sería que cuantas menos víctimas dejemos por el camino, mejor sociedad seremos al terminar nuestra cuarentena.

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Enamorarse de la cuarentena