El partido político Vox es partidario de que se aplique el principio de «a grandes males, malos remedios». En consecuencia, propone que crear un gobierno de emergencia nacional en el que, por supuesto, debería estar el partido del señor Abascal. No crean ustedes que se trata de una originalidad: las redes están llenas de iniciativas políticas parecidas, aunque con el nombre clásico de «gobierno de concentración». Es una forma de censurar la labor del Ejecutivo actual, los muy limitados resultados en la contención del virus y las perspectivas económicas que tienen aterrorizado al país.
¿Sería objetivamente justificable una salida tan traumática, de un virus que se carga un gobierno constituido hace solo unos meses? Este cronista cree que a su responsable, don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, le bastaría con leer los periódicos de los dos últimos días. En ellos, a falta de debates parlamentarios, encontraría todos los diagnósticos de cuanto le está fallando: el acuerdo con las administraciones territoriales, a pesar de las tres reuniones telemáticas que mantuvo con los presidentes de las comunidades autónomas; el contraste de sus medidas con los demás partidos, singularmente con quienes han respaldado sus decretos anteriores; las explicaciones a todos los agentes sociales, y al decir «todos» no pienso solamente en los sindicatos, y transmisión al país de la idea de que las soluciones son compartidas con la mayoría. Solo así se gana la confianza social. Sin embargo, por algún otro virus penetrado en el Consejo de Ministros, el presidente ha decidido prescindir de todo. Se puso a protagonizar la película del llanero solitario mientras le disparan desde todos los lados. Hay quien dice que es porque la política económica que se sigue en la pandemia es la de Pablo Iglesias y sus principios tienen mala venta en los partidos que creen en la libertad de mercado. Hay quien sostiene que Sánchez no le perdona a Casado sus críticas cuando se aprobó el decreto del estado de alarma y le corresponde con la marginación. Y no falta quien descubre a un Sánchez autosuficiente que no necesita los criterios de nadie, porque entiende que nadie tiene mejores soluciones que él.
Es difícil hilvanar una tesis coherente del confinamiento político de Pedro Sánchez, dada la hibernación informativa y explicativa que sufrimos. Se puede entender que la lucha contra el virus esté siendo poco eficaz porque es muy difícil y la ciencia tampoco ofreció una salida. Pero no se puede entender que los fallos políticos y el desaliento social que provocan se deban a una cuestión de estilo, de procedimiento o de diálogo con los demás. Eso solo demuestra incompetencia de aprendiz.
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