Valorar lo público


Redacción

Tres semanas (y lo que nos queda, seguramente) después de decretarse el Estado de Alarma, España ha superado lamentablemente los diez mil fallecidos por coronavirus. Esta dramática situación que azota al planeta entero marcará inevitablemente el futuro con efectos en lo social, lo económico y lo laboral. No es la primera crisis sanitaria de la historia, pero su magnitud y su virulencia ha provocado que quienes habitamos en la Tierra nos hayamos tenido que confinar en nuestras casas, aunque es verdad que hay países donde sus dirigentes no han tomado las decisiones oportunas o incluso, como en Bielorrusia, hayan negado que les vaya a perjudicar gracias al vodka, entre otras cosas. Obviamente, y una vez más, confianza en la ciencia y en las autoridades sanitarias y no en mandatarios negligentes.

Ayer pudimos ver un ejemplo drástico, como son los datos del paro y de las afiliaciones a la Seguridad Social, que dejan claro que no hay que ponerse de lado y hay que salvar a las personas más que nunca. Es verdad que quien debería en nuestro entorno liderar estas acciones está una vez más fallando a la solidaridad. Los 26 países de la UE ‘han ayudado’ aún más a que las tesis que llevó al Reino Unido a separarse tengan su razón. Tal y como dijo el Primer Ministro portugués, Antonio Costa, fue repugnante que Alemania y Holanda se opongan a los llamados coronabonos (posibilidad de mancomunar las deudas para hacer frente a esta crisis juntos) y desgraciadamente España e Italia se tendrán que ver obligadas a un rescate similar al de 2012 que no aportó ningún beneficio a la población de los países del sur. Si la pretensión de Merkel vuelve a triunfar y en vez de vivir en una Alemania europea estamos en una Europa alemana, el europeísmo que defendemos muchos ni de lejos hoy existe y, por tanto, obligaría a países como el nuestro a pensarse mucho la razón de seguir formando parte de la actual UE.

Lo que más me gustaría que pasase cuando finalice esta crisis es que el sector público, lo de todos, se refuerce. Espero y deseo que se valore por parte de la ciudadanía la importancia del Estado de Bienestar, sostenido con nuestros impuestos. Debemos pagar en función de nuestra riqueza, tal y como dice el artículo 31 de la Constitución Española. Debemos premiar a quien sostiene el sistema de manera solidaria y admirar su patriotismo en vez de valorar al que dona material y lo publicita para su marketing mientras explota (presuntamente) a personas en el tercer mundo. Creo que no se trata de bajar el sueldo a los políticos (porque si queremos tener a los mejores debemos pagarles bien y acorde a sus responsabilidades), sino de que el fraude fiscal se persiga judicialmente caiga quien caiga (hay que terminar con el injusto privilegio constitucional de la inviolabilidad de la Corona para que ningún español esté por encima de otro) y conlleve un castigo social (al político que roba no se le vota y al empresario que defrauda no se le compra) que evite que el poder público se deteriore y se destruya. Hay que tomar un camino: o el fortalecimiento de lo publico o la ley de la selva capitalista del sálvese quien pueda. Yo apoyo el primero. Me quedo con la justicia social y critico la caridad.

Poco o nada ayuda que autonomías como la Comunidad de Madrid actúen poco menos que de paraísos fiscales. La señora Ayuso verá con muy buenos ojos pagar menos impuestos (la máxima liberal de ‘el dinero está mejor en los bolsillos de las personas’), pero esa bajada en la contribución de cada ciudadano no se traduce en ningún estímulo económico, sino más bien en un detrimento al sostenimiento de los servicios públicos, porque la Educación, la Sanidad y el resto de derechos sociales que hemos alcanzado y que por fortuna aún no nos los ha arrebatado la fuerza del dinero no se pagan solos. Se pagan con la aportación de cada uno de nosotros en función de nuestra riqueza, y el patriotismo no está en colocar en la ventana la bandera nacional, sino en dar a sus conciudadanos lo que te corresponde para tu bienestar y el de los demás.

Por tanto, las cuentas claras: ojalá esta crisis sanitaria haga que valoremos más la función pública, la necesidad de que un sistema de todos que nos proteja ajeno al negocio privado especulativo y que no usemos la picaresca y paguemos los impuestos que nos corresponden, seamos quien seamos. Solo así podremos mejorar las cosas, evitar futuros episodios como el que vivimos (o al menos paliarlos mejor) y defender nuestro modelo para que nos lo copie todo el mundo.

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