Las (verdaderas) cifras del coronavirus


Estos días estarán ustedes hartos de escuchar noticias relativas a modelos matemáticos que dibujan curvas que predicen la expansión del COVID-19, intentando saber cuándo llegará el famoso pico. Muchos de ellos están inspirados en un trabajo fundamental realizado en 1927; otros, en técnicas de análisis estadístico. Todos ellos están expuestos al mismo problema: la falta de datos experimentales fiables. Esa carencia se debe tanto a una baja capacidad material de test de coronavirus, como al hecho de que seguramente haya un número muy elevado de personas infectadas que no desarrollen ningún síntoma y, directamente, no se enteren de que están contagiando a su entorno.

Pero hay otro factor: los modelos matemáticos están concebidos, en cierto modo, en la base de una foto fija del problema, y la sociedad del siglo XXI es un ente dinámico, que se asusta y modifica sus comportamientos continuamente en base a las órdenes de sus gobiernos, a su propia idiosincrasia y a la información que va recibiendo, y eso hace que la tasa de propagación de la epidemia sea variable con el tiempo. La respuesta de España ante la epidemia es muy distinta hoy a lo que era hace unas semanas. Ante esa foto movida que ofrece un país moderno del siglo XXI, es altamente difícil hacer predicciones fiables a más de una semana vista.

Lo que sí pueden hacer muy bien los modelos clásicos es decirnos qué hubiese ocurrido si el coronavirus hubiese circulado sin ningún tipo de acción de los gobiernos: habría infectado al 90% de la población mundial y hubiese matado a unos 40 millones de personas (se estima que la gripe de 1918 infectó a un cuarto de la población mundial y causó un número de muertes, difícil de precisar, que podría andar por los 50 millones).

El grado de infección de la población, no lo duden, es mucho mayor del que dicen las cifras oficiales. Un reciente informe del Imperial College de Londres estima que, para los 11 países europeos en peor situación, el número real de infectados podría estar el pasado domingo en una horquilla entre los 7 y los 43 millones de personas. Ojo, ese informe también añade que posiblemente España sea el país con mayor porcentaje de población infectada (sí, más que Italia, algo que ya comenté en una columna anterior), porcentaje que podría llegar a ser del 15% (o sea, unos 7 millones de personas).

Ante esta indefinición en los datos de infectados, cabe fijarse en otro macabramente más fiable: el de muertos (aunque también sobre la fiabilidad de este dato se podría discutir). Con ellos, y una simple regla de tres, podemos tener una primera estimación burda sin más que comparar con Corea del Sur, el país que más eficientemente ha combatido al coronavirus (en base a una excelente estrategia de detección): ellos tuvieron del orden de 10.000 infectados y algo más de un centenar de muertos; una proporción de 1 a 100. Si nosotros vamos camino de los 10.000 muertos, con la misma proporción andaríamos en el millón de infectados. El refinamiento de los cálculos puede disparar esa cifra.

Los modelos detallados sí pueden aproximar con pocos días de antelación el número de muertes. Su estimación del total de muertos en España para el pasado sábado 28 era del orden de 4.700. Al final, el número real de ese día quedó en 4.858. El martes 31 se pasó de los 8.000, también cerca de lo predicho unos días antes. Pero ojo, si no se hubiesen tomado medidas de contención, los modelos dan que ese martes 31 habríamos llevado 24.000 muertos. Esas 16.000 vidas de diferencia son las que hemos ganado confinándonos.

Por Jorge Mira Catedrático de Física Aplicada de la USC
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