De pestilencias y epidemias


Pandemia, que en griego significa ‘reunión del pueblo’, es el nombre que usamos hoy cuando una enfermedad contagiosa se extiende por muchos países y afecta a una parte relevante de sus poblaciones. Estamos, pues, en plena pandemia de COVID-19. Pero estas catástrofes no siempre se llamaron así en español. La denominación más antigua es pestilencia, documentada ya en 1223. El Nuevo diccionario histórico del español la define así: «Enfermedad epidémica contagiosa que provoca una gran mortandad y, en particular, la causada por la bacteria Yersinia pestis y caracterizada por fiebre, escalofríos, náuseas, dolor de cabeza, debilidad y bubones en diferentes partes del cuerpo». Pestilencia permanece hoy en el Diccionario con las acepciones, entre otras, de ‘enfermedad contagiosa y grave que origina gran mortandad’ y ‘mal olor’. Esta última, que también comparte con peste, se debe a la fetidez que desprenden la boca y la piel de las víctimas de la peste bubónica.

 A pestilencia le tomó el relevo dos siglos después peste, aunque continuó usándose. De no existir epidemia, peste podría aplicarse al COVID-19. Hoy se utiliza sobre todo con el sentido específico de ‘enfermedad zoonótica febril y aguda causada por Yersinia pestis’. Ese agresivo mal, la peste por antonomasia, que a mediados del siglo XIV sembró Europa de cadáveres, puede combatirse con antibióticos como la estreptomicina y el cloranfenicol, y hasta tiene una vacuna. La peste de la Yersinia pestis recibe adjetivos según sus manifestaciones más relevantes. Así, es la peste bubónica cuando causa bubones en ingles y axilas. También se le llama peste negra, peste hemorrágica, peste septicémica y, cuando afecta a los pulmones, peste neumónica.

El siglo XIX fue fecundo poniendo apellido a pestes causadas por distintos agentes: peste amarilla, para referirse a la fiebre amarilla; peste azul, oriental o fría, al cólera; peste blanca, a la tuberculosis; peste cristal, a la varicela... a las que hay que añadir las de animales, como la porcina y la equina.

Epidemia ha sustituido a pestilencia y a peste en su sentido más amplio. Ya en 1600 la definió Manuel de Escobar en Tratado de la esencia, causa y curación de los bubones y carbuncos pestilentes: «Este nombre, epidemia, es griego y quiere dezir ‘enfermedad que anda y se multiplica por el pueblo». Cuatrocientos años después seguimos a merced de las epidemias que andan y se multiplican entre nosotros.

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