Arte degenerado


Redacción

Hace un par de días vi The Mask of Fu Manchu, la primera aparición cinematográfica del personaje creado por el escritor Sax Rohmer, en la que Boris Karloff interpreta al maléfico doctor chino. En 1932 el actor británico era ya una estrella del cine desde el estreno el año anterior del Frankenstein de James Whale. La película es tan folletinesca como los libros del personaje, y al espectador de hoy puede llamarle la atención la aparente inocencia aventurera de la cinta y, por encima de todo, su muy delirante racismo.

Fu Manchú es un malo muy malo como solo un malvado chino podía ser. Odia a occidente y a los blancos, algo que hace saber explícitamente varias veces durante la película. Es culto y tiene varios doctorados obtenidos en universidades occidentales, pero en lugar de sentirse agradecido por ello su alma está cargada de odio. Aunque parezca un poco loco, en aquellos entonces existía una paranoia sobre el «peligro amarillo» y una más bien imposible invasión oriental, y esa paranoia está incrustada en prácticamente todos los planos de la película. Los insultos racistas llegan a un nivel de delirio hilarante, hay constantes alusiones al color de la piel de Fu Manchú, y el resto de personajes chinos que aparecen en pantalla son estúpidos, malvados o las dos cosas. Hay dos escenas que me llamaron la atención: una en la que Karloff responde con soberbia a un hombre británico enumerando su currículum académico y otra, al final, en la que un camarero chino es preguntado jocosamente por sus estudios si los tiene y al parecer es de mucha risa que carezca de la cultura exquisita del villano. El camarero chino es exhibido como una especie de ser inferior o directamente un retrasado mental con los dientes podridos. La imagen final del personaje es obscenamente racista.

Karloff interpretó a otros personajes chinos durante su vasta carrera, como la serie de films sobre el detective Mr. Wong, una especie de Sherlock Holmes oriental, o Fang, el malvado señor de la guerra chino de West of Shangai en 1937. Todos ellos en la cumbre de su carrera.

Hoy todos estos personajes y todas estas películas son lo que se llama «problemáticos». Sax Rohmer fue un escritor de extracción obrera que admitía ignorarlo absolutamente todo sobre la cultura china. Esto tiene su reflejo en las películas basadas en su obra, aunque ese racismo se fue difuminando en posteriores versiones, como las protagonizadas por Christopher Lee. Pero incluso estas películas pueden calificarse hoy de «problemáticas».

Me enteré estos días de que alguna plataforma de cine y series advierte de que el contenido de algunas de sus películas puede resultar problemático. Supongo que la mera idea de que un señor occidental interprete a un hombre chino de forma caricaturesca, al fin y al cabo un señor visiblemente occidental disfrazado con todos los abalorios y tópicos al respecto, ya es un «problema». Pero el problema real igual es otro.

Vivimos en un mundo quizá demasiado sensible para algunas cosas. Me llena de estupor que Disney esté borrando cigarrillos digitalmente en sus viejas películas, pero me resulta todavía más absurdo advertir que una película rodada hace casi cien años es racista. Si necesitas una advertencia igual ya tenías algún problemilla antes de ponerte a verla. Puede que seas bobo e incapaz de situar las cosas en su contexto, o puede que sin la advertencia veas tus prejuicios reforzados, algo de lo que la película de marras no tiene culpa alguna. Esta progresiva infantilización del público está dando la vuelta hasta el punto de encontrar tan negativo a Fu Manchú como un par de tetas en pantalla. Lo problemático con obras tan antiguas vistas hoy solo puede ser la mentalidad del espectador. Lo realmente problemático es ser tonto.

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