Uso la idea  que salió de una conversación con mi amiga Laura López. Se nos ha plegado el tiempo y el espacio, y ni siquiera nos hemos dado cuenta. Estamos comprimidos en un pliegue espacio temporal que ha producido una catarsis en nuestra realidad presente y cotidiana.

Seguimos manteniendo el recuerdo de una normalidad que invocamos continuamente. Cada quince días reprogramamos el contador que descuenta los días, horas y minutos que nos restan para el fin del estado de alarma. Compartimos en post en redes sociales, en mensajes en chats qué será lo primero que hagamos cuando salgamos de aquí. Hay quien irá a la playa, quien saldrá de copas, quien irá a la peluquería o hará deporte. Las empresas piensan en recuperar la producción, en mantener los puestos de trabajo y que los ERTES sean reversibles. En la política se utiliza el término reconstrucción (volver a construir lo que se ha destruido).

Pensamos que ese pliego espacio temporal, en el que hemos sido arrancados del entorno, en el que vivimos una relación extraña con la variable tiempo en estos días de la marmota no tendrá más consecuencias, que será reversible. Pero no.

Nada volverá a ser lo mismo. Será todo muy distinto en el corto plazo e irreconocible en el medio y largo. Nada fue igual históricamente tras situaciones traumáticas y esta lo es. Es pronto para saber si lo que viene será mejor o no, será diferente y está en nuestras manos reflexionar qué podemos aportar en esta nueva definición de necesidades, valores y prioridades. 

Es el momento de las ideas y de los valores. Lo que está claro que no cambiará son las guerras de contrarios. Esas permanecerán. ¿Individual o colectivo? ¿Libertad o seguridad? ¿Deseo o derecho? ¿placer o sacrificio? También seguirá el arte, la música, la tierra, la naturaleza, el amor, el odio y los libros.

Escribo esto un 23 de abril, Día del Libro y de San Jorge luchando contra el dragón. Los libros, la necesidad de recoger el conocimiento, la necesidad de crear y contar historias, a buen seguro escaparán del pliegue. De todos ellos obtenemos enseñanzas, yo quiero hablaros de cuatro de ellos porque creo que es interesante que nos situemos en el concepto de estas historias, Distopía, definido por la RAE como la representación ficticia de una sociedad futura con características negativas causantes de la alineación humana. ¿Acaso no os ocurre que os sentís viviendo una de ellas?

Mara y Dann de Doris Lessing, una sociedad muy lejana en el tiempo, no tanto en el espacio. No hay agua, hay diferentes tipos de vida inteligente y los seres humanos están en peligro de extinción. El Mecanoscrit del Segon Origen, bajo seudónimo de Manuel de Pedrolo. En el lago de Bañolas, una adolescente y un niño negro son los únicos supervivientes del fin del mundo y volverán a fundar una nueva humanidad. El Cuento de la Criada de Margaret Atwood,  la contaminación afecta terriblemente a la natalidad y las mujeres fértiles son esclavas en un mundo con las libertades individuales anuladas. En 1Q84 de Murakami la realidad se divide en dos mundos que no se comunican.

Ficción anclada en la realidad actual. Catarsis todas ellas producidas por la acción humana mezclada con la falta de valores. Podríamos llamarlas, realidad aumentada. Poesía social. No soy yo muy de creer en cosas intangibles, no palpables, ni medibles, ni demostrables. Mi personaje favorito es Santo Tomás, pero podría afirmar sin miedo a equivocarme y así lo reflejan estos libros, que lo que perdura es nuestra cultura. La creación artística, música, pintura, libros. Es una buena base para la transformación, ¿no creéis? porque es en el arte y en la creación, donde también se pliega el tiempo y el espacio y donde no parece haber resquicio de maldad.

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