No tenía intención de comentar los errores del gobierno hasta que la situación se normalizase porque ese será el momento adecuado para analizarlos con cierta perspectiva y reflexionar sobre cómo evitarlos en el futuro, pero también porque lo último que querría es sumarme a la mezquina cacería que se ha desatado contra él. Al final, precisamente por ella, se ha hecho inevitable.

Aparentemente, insisto en esto porque hoy solo los majaderos y los manipuladores sin escrúpulos tienen certezas, se debieron cerrar las fronteras a finales de febrero o los primeros días de marzo, cuando comenzaron a aumentar los casos en Italia, también hubiera sido conveniente la prohibición de actos masivos y recomendar el uso de mascarillas, además de comenzar el aprovisionamiento de material sanitario. Ahora bien, España pertenece al espacio Schengen y, también en invierno, depende notablemente del turismo, ni la UE ni la OMS lo recomendaban, me imagino la tremolina que hubiesen montado los que ahora recriminan al gobierno que no adelantase el cierre. Hasta habrían hecho manifestaciones en favor del fútbol, porque no solo se reunió gente el 8 de marzo en las calles. ¿Nadie recuerda el ¡Madrid no se cierra! de Ayuso? ¡Lo dijo el 11 de marzo! Ahí están las hemerotecas. En lo de las mascarillas, el gobierno siguió las indicaciones de la OMS; por otra parte, tampoco hubiera habido suficientes.

Es cierto que Portugal cerró sus fronteras, pero el 16 de marzo, cuando ya se había decretado el estado de alarma en España. Que tuviera menos casos y pudiera controlarlos mejor se debió a su relativo aislamiento, que habría retrasado la llegada del virus. Madrid, Barcelona y el País Vasco son grandes centros de negocios y también de turismo urbano invernal, allí proliferaron los casos, que se extendieron con una rapidez imprevisible, sí, entonces imprevisible, por toda España. Portugal tiene otra ventaja sobre nuestro país, la buena educación y el sentido común que predomina en su ciudadanía y se extiende a sus políticos, incluido el líder de la oposición. La república Checa tomó la medida el 13 y fue el único país europeo que recomendó el uso de mascarillas a la población, parece que acertó. ¿Son criminales negligentes todos los demás gobiernos que siguieron las indicaciones de la UE y la OMS?

¿En qué país del mundo no hubo falta de material sanitario? En EEUU no tenían ni bastoncillos de algodón para hacer las pruebas. Supongo que China, el único que lo fabricaba y que pudo exportarlo a todo el planeta, fue el que no tuvo carencias ¿Es eso culpa de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias? Alemania pudo autoabastecerse antes porque posee una industria y una infraestructura científica de la que carece España ¿Es el culpable un gobierno que lleva unos meses en el poder? ¿De qué instituciones depende en España la dotación de la sanidad, el personal sanitario, los hospitales, los aparatos, etc...?

La última cantinela es el supuesto ocultamiento de casos y fallecimientos, que ha llevado a la oposición arriscada a reiterar la gravísima acusación de que el gobierno miente. El argumento de los expertos que lo asesoran es impecable: una serie estadística solo es útil si utiliza los mismos criterios desde el principio hasta el final. No es solo que se siguiesen las indicaciones de la OMS, es que cuando comenzaron a contarse los casos solo había pruebas PCR, es lógico que se contabilicen únicamente los confirmados por ese procedimiento. Otra cosa será lo que puedan aportar los muestreos y las pruebas que establecen quién tiene anticuerpos, con ellos se sabrá aproximadamente el número de infectados, pero no cuándo se infectaron, que es lo que ahora interesa.

Qué decir de esos repentinos defensores de la libertad, los que procuran coartarlas todas, pero consideran dictatorial que se adopten, con aprobación de las Cortes, medidas de limitación de los movimientos de forma temporal y sin carácter de persecución ideológica. El que confinaba por motivos políticos era su admirado Franco.

España va a sufrir especialmente la crisis económica por su dependencia del turismo, pero eso no será culpa de los “socialcomunistas”, ni de Rajoy, Zapatero, Aznar o González, probablemente tampoco de Franco y Fraga Iribarne, aunque estén en el origen del asunto. No lo es porque el turismo fue decisivo para el progreso económico del país y era lógico potenciarlo, otra cosa es que se pudiese haber hecho mejor. Que los gobiernos, en plural, debieron fomentar la investigación y la diversificación de la economía es cierto, pero hacerlo no es fácil y, en todo caso, puede considerarse un problema histórico que se debe resolver, pero no provocado por los actuales dirigentes.

Lo que sí resulta mezquino es aprovechar la epidemia y la crisis, el sufrimiento de millones de personas, para echar abajo el gobierno sin que importen las consecuencias. El señor Casado y sus adalides mediáticos están muy ufanos por haber conseguido que los hipotéticos pactos se debatan en una comisión parlamentaria, precisamente la mejor forma de no llegar a ninguno. Deseo equivocarme, pero no será con discursos para los hooligans, retrasmitidos por radio, televisión e Internet, como los partidos van a alcanzar acuerdos que hoy son imprescindibles. Una verdadera negociación exige tiempo y discreción, esperemos que la hagan de forma paralela. Que no se equivoquen, por encima de la propaganda y el griterío, la mayoría sabrá discriminar las responsabilidades.

Habrá tiempo de evaluar con calma y con más información lo que ha sucedido desde febrero, pero creo que es indudable que, por muchos defectos que tenga, Pedro Sánchez no es Trump, ni Bolsonaro, ni López Obrador, ni Johnson, ni Orbán y que los errores de su gobierno no serán muy diferentes de los que cometieron la mayoría de los europeos, de una o de otra ideología.

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Errores y mezquindades