No eres tú, es la ciencia

Javier Cudeiro Mazaira TRIBUNA

OPINIÓN

Peter Steffen

01 may 2020 . Actualizado a las 10:11 h.

No hay nada mejor que un ataque zombi o una pandemia apocalíptica para que aparezcan expertos debajo de las piedras. Es decir, desde los tertulianos más infectos, pasando por mis colegas de mus, hasta los más peligrosos, los médico-científico-especialistas de máster obtenido en «te-lo compro.com». Muchos de ellos solo producen vergüenza ajena por mal ganarse unos cuantos euros (un pastón). Los del mus son parte del subconsciente colectivo, caso de que exista, pero que reflejan nuestro más puro espíritu polémico, carácter sanguíneo y retranca filosofal. Pero los otros son malajes, malas víboras, impostores, merecedores del infierno de Dante y a los que, seguro, les huelen mal los pies.

Desde que ha comenzado esta locura del virus, hemos sido testigos estupefactos de cómo se ha transmitido la información a la sociedad. Lo más utilizado en cada comunicación ha sido: «como dicen los expertos». ¿Qué expertos? Los del ministerio (¡de todos los ministerios!) la han pifiado en múltiples ocasiones, pero, fíjese usted, solo los culpo de dejarse llevar por la presión, de no sujetar la lengua (y a veces el ego) y, en ocasiones (bastantes), de estar muy alejados de los clínicos, de los que curran día a día con los enfermos. Son científicos de salón bien informados que quieren hacer de forma correcta su trabajo, pero lamentablemente sufren dos carencias: no tienen bola de cristal y están sometidos al yugo del Gobierno. Por otra parte, y aquí te quería ver moreno, nos encontramos con los expertos de las teles y la radio divididos en dos grupos. Algunos muy dignos por su experiencia y contención verbal, y otros, muchos, candidatos a tres años extra de confinamiento sin Internet y con muchos libros. Reconocidos expertos en virología, inmunología, medicina de cuidados intensivos, internistas, neumólogos …etcétera, han sido sustituidos en las informaciones diarias por los especialistas de cartera de las diversas cadenas, divulgadores científicos o supuestos profesionales sin experiencia alguna en el tema de que se trata. Algunos medios han olido carnaza y, como no, se han desatado las hipótesis más ocurrentes y pseudocientíficas, por ejemplo: 1.- Y el murciélago chino ¿tiene parientes infectados por aquí? 2.- ¿Venden filetes de pangolín en España? 3.- La culpa la tienen los chinos, con la birria de trajes de seguridad que fabrican se les escapó un virus del laboratorio. 4.- ¡Qué va!, es la respuesta secreta a la guerra comercial con Trump, crearon un virus y lo metieron en la Coca-Cola.

¡Dios santo!, la verdad, al menos a día de hoy (la verdad no es inmutable) es que el virus proviene de la naturaleza y ha alcanzado al hombre como ya ha ocurrido muchas veces, bien por costumbres no muy recomendables, bien porque hemos invadido un hábitat que no era nuestro. No ha sido cosa de Fu-Man-Chu. Hay dos consecuencias graves (aparte de la crisis económica) que ya anticipo ocurrirán sin remedio: una ya la estamos viviendo, y es que como decía Gracián, la costumbre de ver las cosas nos quita la capacidad de asombro. Y nos hemos acostumbrado a que cada día caiga un Airbus 380 y mueran 500 personas, y ni un parpadeo. Esto llevará a un olvido colectivo nefasto que se une con la segunda consecuencia: una vez pasado todo, la ciencia, la medicina y la innovación, serán solo tema de campaña electoral.