En esta nueva fase de la pandemia, todos somos cruciales

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

03 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando uno se refiere a una cuestión como la enfermedad que últimamente centra nuestras vidas, la COVID-19, es inevitable que a la cabeza te venga en primer lugar su parte más dura: el sufrimiento y la muerte. Es por eso por lo que ante todo quiero expresar mis condolencias a los familiares y allegados de las personas que han fallecido en relación con esta enfermedad… Especialmente, en un día como hoy, a quienes han perdido a su madre, esa figura única que todos necesitaríamos tener cerca en los mejores y en los peores momentos de nuestras vidas.

Necesito, asimismo, enviar un recuerdo y un mensaje de ánimo para todas las personas que en este momento están afectadas, algunas de ellas a seguimiento en sus domicilios, en residencias en muchos casos, o en centros sanitarios cuando la situación clínica lo requiere. Y entre estas personas un colectivo al que todas y todos nosotros les debemos el mayor de los respetos y nuestro agradecimiento: el de las personas que atienden a pacientes en los centros sanitarios y sociosanitarios, y que también en muchos casos están padeciendo la enfermedad... en algunos casos con especial gravedad. Para ellas y para ellos nuestro especial recuerdo y un mensaje de ánimo y esperanza.

Han pasado cuatro meses desde que el 31 de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de Wuhan (en la provincia de Hubei, China) informó sobre un agrupamiento de 27 casos de neumonía de etiología desconocida, con síntomas desde tres semanas antes, y que tenían en común una exposición a un mercado mayorista de marisco, pescado y animales vivos en la ciudad de Wuhan, pero sin identificar la fuente del brote. El mercado fue cerrado al día siguiente, el 1 de enero de 2020. Sólo pasaron cuatro meses, pero no hace falta explicar a nadie que han ocurrido muchas cosas en estos cuatro meses.

El 7 de enero de 2020, las autoridades chinas identificaron como agente causante del brote un nuevo tipo de virus de la familia de los coronavirus, al que denominaron SARS-CoV-2. Un mes tras la primera alerta, el Comité de Emergencias del Reglamento Sanitario Internacional declaró el actual brote de nuevo coronavirus como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII), en su reunión del 30 de enero de 2020, denominando la OMS a esta nueva enfermedad como COVID-19, es decir “enfermedad infecciosa por coronavirus-19” en relación al año de aparición, el 2019.

Dos meses tras la primera alerta, concretamente el 28 de febrero de 2020 se habían notificado ya a la OMS 83.396 casos confirmados, incluidas 2.858 defunciones. En la Unión Europea se habían notificado ya 815 casos confirmados, la mayoría en el norte de Italia, incluyendo 19 defunciones, y en España se habían notificado en ese momento 32 casos. Como todos recordamos, en Asturias se diagnosticó el primer caso al día siguiente, al final de la tarde del sábado 29 de febrero.

Y hoy estamos aquí, dos meses después del primer caso en Asturias, cuatro meses después de la primera alerta mundial, comenzando el mes de mayo y haciendo balance de nuestra situación para asegurar el futuro. En los datos publicados a diario por el Ministerio de Sanidad, vemos que en España hasta el momento se han notificado más de 200.000 casos confirmados por PCR, y de ellos más de la mitad ya han curado, pero aproximadamente 25.000 han fallecido.

En Asturias, la difusión de la enfermedad entre nuestra población fue hasta la fecha, afortunadamente, más limitada que en otras partes del país. Afortunadamente, pero no por fortuna: en Asturias nos marcamos como uno de los objetivos iniciales aplanar la curva de incidencia y lo conseguimos, y ello posibilitó algo de extraordinaria transcendencia y es que lográsemos no ver saturados nuestros dispositivos sanitarios para no ver limitada la atención a los pacientes afectados por esta nueva enfermedad. Ello supuso también para nosotros, según los datos que se pueden consultar en la web del Observatorio de Salud de Asturias, una tasa de mortalidad bastante menor que la media nacional, y muy lejos de las tasas superiores al centenar de defunciones por 100.000 habitantes de las tres comunidades autónomas con más fallecimientos.

Cuatro meses después de la primera alerta mundial, y ante esta situación, en la que Asturias está en la meseta de la curva de incidencia, comenzando a disminuir la presión asistencial por COVID-19, en los países de nuestro entorno, y también en el nuestro se plantea planificar una nueva fase. En este contexto el Ministerio de Sanidad elabora un Plan, que denomina Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad.

Obviamente, la pandemia de COVID-19 representa una de las crisis más importantes de nuestra historia reciente, con un gran impacto desde el punto de vista sanitario, social y económico en todo el mundo, también en España, y por supuesto, también en Asturias. Como decíamos, con el objetivo de frenar su expansión y de evitar el colapso del sistema sanitario, adoptamos en Asturias un conjunto creciente de medidas centradas en reforzar la respuesta en el ámbito de la salud y reducir las tasas de contagio mediante la contención de la movilidad de las personas y la separación física en el ámbito social y económico. Y, por supuesto, en España, la expansión de la enfermedad llevó también a la aprobación del Real Decreto, de 14 de marzo, por el que se estableció el Estado de Alarma, con importantes medidas restrictivas de la movilidad y la actividad económica, y que, por el momento, ha sido prorrogado en tres ocasiones, hasta el próximo 9 de mayo de 2020.

Las medidas de contención adoptadas, como en España y como en el resto del mundo, se han mostrado efectivas, como hemos visto, en el control de la epidemia, pero lógicamente también están teniendo un impacto muy negativo sobre la actividad económica global y especialmente sobre grupos sociales vulnerables.

En este momento, y haciendo balance de estos cuatro meses desde la primera alerta mundial ante una nueva enfermedad, debemos tener claro que las posibles soluciones para hacerle frente con eficacia, como serían una vacuna, o un tratamiento etiológico efectivo, o una alta inmunización de nuestra población, no están aún a nuestro alcance, ni previsiblemente lo estarán en los próximos meses. De hecho, debemos concluir que no es posible ni realista esperar tanto tiempo para comenzar la recuperación social y económica y, por ello, decide abordar lo que denomina una «transición hacia una nueva normalidad» incorporando precauciones y medidas de protección para prevenir contagios y minimizar en lo posible el riesgo de un repunte de la enfermedad. Un riesgo, por otra parte, alto y real. Tengamos en cuenta que todos los países que en otras partes del mundo han hecho una desescalada han tenido un repunte de casos, por lo que debemos monitorizar la situación para detectarlo lo más precozmente posible para actuar en consecuencia cuando esto ocurra, y poner en marcha de nuevo medidas restrictivas si es necesario.

A mi modo de ver, las personas que vivimos en Asturias hemos ejercido una actitud ejemplar en términos de responsabilidad frente a unas medidas nunca antes adoptadas, con los importantes sacrificios que nos está suponiendo. Junto a este comportamiento ejemplar de nuestros convecinos, regido por la calma y la confianza, la respuesta de los gobernantes, los diputados, los políticos en general, no puede ser otra que estar a la altura de su nivel de responsabilidad, alejándonos de disputas partidistas que no son propias de esta época que nos está tocando vivir, y unir nuestros esfuerzos para salir finalmente de esta situación con una sociedad reforzada y próspera, que es lo que se merecen las personas que viven en Asturias. En esta nueva fase de la pandemia, todas las personas que aquí vivimos tenemos un importante papel que jugar: #EsteVirusLoParamosUnidos