Lo que sí se puede es leer


Y se hizo el silencio. Para algunos la soledad. Y aparecieron los libros. Esos objetos que siempre estuvieron allí y que con el paso del tiempo se volvieron parte de la decoración, se mimetizaron y empezaron a pasar inadvertidos. Un libro que lleva mucho tiempo en una estantería tiende a apagarse y desvanecerse. Yo a veces compro dos veces el mismo título porque el primero ha desaparecido de mi vida. Luego, un día en que me pongo a ojear como si estuviese en casa ajena, lo veo y me saluda como un robinsón. Y lo rescato. Y me encuentro leyendo cosas insólitas, como La Divina Comedia. Dicen que es bueno que los niños se aburran y yo creo que lo que quieren decir es que es bueno que los niños estén a veces solos consigo mismos. Y también los adultos. Las actividades de la soledad, la música, la lectura, la pintura, pero también el crucigrama, la plancha, hornear un bizcocho, es lo que hace a los hombres fuertes. Y yo creo que los pueblos más débiles son los que tienen siempre que hacer cosas en grupo, sobre todo las fiestas: El Rocío, la Tomatina, Sanfermines. Los pueblos que parlotean incansables para transformar la comunicación en una permanente algarabía o ven eternamente el blablablá de la televisión que reblandece los sesos y atonta la existencia.

  

Con el silencio las páginas de un libro, como el ventolín con los pulmones, nos abren la mente de par en par. Y ni los aplausos de las ocho rompen el silencio, sino que lo resaltan. Algunos, cuando cierran la ventana, vuelven al libro.

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