Como en Portugal, que PP apoye ya


Redacción

En la duermevela de los tiempos del virus

y de los venenos inhumanos del tifus

rogamos

 a los dioses de la sabiduría y la honradez,

que nos libren

 de las sierpes de la mentira y la doblez.

El señor Rui Rio, presidente del conservador Partido Social Demócrata (PSD) -antiguo Partido Popular Democrático (PPD) similar al PP en España, pero ahora con posiciones más de centroderecha- y que es la primera fuerza política de la oposición en Portugal, ya dijo al primer ministro Costa, del Partido Socialista: «Todo lo que nosotros podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Su suerte es nuestra suerte».

Aún más claro lo expresó en una carta remitida a los militantes de su partido, el PSD, en la que les avisaba de que cualquier ataque al Gobierno del socialista António Costa en estos momentos de pandemia «no es patriótico» y les llamaba a promover la unión del país. Por ello, Rio ha declarado con toda claridad que no va a crear «dificultades al país solo para crear dificultades al Gobierno» y en una entrevista en la cadena SIC sentenció su respaldo al gabinete de Costa con unas palabras lúcidas y honradas: «yo no estoy cooperando con el Partido Socialista, estoy cooperando con el Gobierno de Portugal, en nombre de Portugal. Es Portugal el que está en el punto de mira».

A lo largo de este tiempo de confinamiento en toda España, se ha forjado una poderosa corriente de unidad y solidaridad, que se desborda y une Madrid con Catalunya, Murcia con Galicia, Andalucía con Euskadi y, entremedias, todos los demás. Quien debilite la unidad y la fuerza, necesarias para vencer al virus, será claramente responsable de las dolorosas consecuencias. Quien miente compulsivamente, cuando todos los demás hacemos lo imposible por aunar esfuerzos, solo quiere sembrar discordia, desorden, confusión y caos. Pero, ¿va a salirse con la suya?

Porque se trata de salir de una pandemia de características desconocidas hasta su aparición. Que nos necesita a todos unidos para salir de esta. Y aunque se quiera borrar la realidad es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha declarado de manera oficial que la población española, con la entrega de sus profesionales en la primera línea y con la disciplina social de los demás en el confinamiento, y el gobierno de España -con sus errores, quién no, pero con sus medidas valientes y difíciles- somos un ejemplo en la lucha unida contra el Covid-19. Incluso somos tal ejemplo positivo que Trump nos ha atacado varias veces.

Por ello, cuando la unidad sigue siendo necesaria, incluso más necesaria por la complejidad de la desescalada, ninguna fuerza política, y menos una que comparte responsabilidades de gobierno en el Estado de las autonomías existente en España, pude abstenerse y menos votar en contra de una medida constitucional imprescindible para la continuación de la lucha contra la pandemia. El PP debe escuchar seriamente las palabras de sus colegas portugueses, debe entender profundamente la posición del líder del PSD portugués. En esta emergencia sanitaria, y sus durísimas consecuencias sociales y económicas, ser patriota, defender los intereses generales de la población española, significa apoyar al gobierno de España. Porque no es apoyar a los partidos del gobierno, es apoyar a España, a los españoles, porque España está en el punto de mira.

Enfrente está la venenosa posición de Abascal, la posición de atacar al Gobierno de España exigiendo la dimisión de Pedro Sánchez. En plena lucha contra una emergencia sanitaria de las características sin precedentes del Covid-19, pedir la dimisión del presidente del gobierno de nuestro país solo puede calificarse de criminal. Es atacar la vida y la salud de los ciudadanos de España. Solo alguien que defiende en realidad intereses no solo ajenos a España sino contra España como pueblo y como país puede atreverse a realizar semejante ataque. En cualquier lugar del mundo sería calificado de antipatriota. Y, por ello, debería ser castigado como tal.

Abascal siembra la división, llamando a realizar caceroladas contra el gobierno, utilizando la crisis del coronavirus para predicar el odio contra los inmigrantes, reclamando su expulsión, desanimando a la gente con la divulgación de fotos y más fotos de féretros. Las posiciones de Vox, difundiendo bulos para culpabilizar al gobierno, son tóxicas, y contribuyen a propagar el virus.

Esta gravísima e inesperada crisis sanitaria está sirviendo para mostrar lo mejor de nuestra sociedad -la inmensa mayoría- que apoya la unidad y la solidaridad por encima de todo. Pero también lo peor -una exigua minoría- porque cada minuto de cada hora se propaga el odio vil y descarnado de los que no saben más que avanzar en sus siniestros objetivos con nuestros muertos inocentes, con nuestros seres queridos. Quieren más muertos, necesitan más féretros.

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