¿Qué hace a Alemania diferente?


¿Alemania reacciona mejor al covid-19? Es cierto que el número de infectados y, sobre todo, el número de muertes es significativamente menor que en países comparables. En Italia, España, Francia y el Reino Unido, las cifras de muertos a causa del virus han superado los 25.000. En Alemania unos 6.800 ciudadanos han perdido la vida hasta ahora. Miles de camas UCI en el país están vacías y el número de infectados sigue disminuyendo. Además, en comparación con otros estados, no se han impuesto toques de queda estrictos. Las razones de las consecuencias del virus -relativamente soportables por el momento- son difíciles de determinar con claridad. Entiendo que confluyen varios factores, pero uno de los más determinantes está relacionado con que la ciudadanía se tomó en serio las repetidas advertencias de la canciller respecto a que no hay garantías de que el virus no vaya a golpear aún más al país.

El 28 de enero se conoció el primer caso de infección por covid-19 en Alemania. Los políticos y los ciudadanos ya sabían las consecuencias de la propagación del virus en China, pero nadie esperaba que afectara tanto al territorio germano. Como en otras partes del mundo, las primeras decisiones llegaron con bastante retraso. No fue hasta principios de marzo cuando se adoptaron medidas drásticas para restringir los contactos sociales y se prohibieron los eventos masivos y decretaron los cierres de restaurantes y tiendas.

Pero ya con los primeros informes del virus, un virólogo del hospital Charité de Berlín había empezado a desarrollar test que fueron de gran valor en las semanas siguientes. Él y otros virólogos del país trabajaron en estrecha colaboración desde el principio para intercambiar datos. El Gobierno alemán -con gran protagonismo del ministro de Salud y de la canciller Angela Merkel- también mantuvo un estrecho contacto con los virólogos y expertos, por los que se dejó aconsejar.

La gran cantidad de test fue clave para la contención de la pandemia. Alemania ha realizado considerablemente más pruebas que otros países: 3 millones de pruebas gratuitas en todo el territorio. Para ejecutar esta acción no encontramos barreras financieras y dispusimos de laboratorios especializados sin límitación. Las pruebas permitieron conocer los focos de propagación del virus, lo que condujo a un aislamiento temprano de las personas infectadas. Además, se impusieron toques de queda locales, incluso antes de que el Gobierno federal decidiera tomar tales medidas. Esto contribuyó a que el virus no se propagara más rápido.

Se identificó rápidamente a los ancianos como el grupo de mayor riesgo y se tuvo cuidado de que permanecieran aislados. La mayoría de las personas infectadas eran y son jóvenes, que están menos afectadas por el virus.

El sistema de salud confirma su solidez. Ya durante la propagación del virus se disponía de un número suficiente de camas de hospital para los pacientes de cuidados intensivos. Más camas fueron instaladas durante las últimas semanas, pero en ningún momento fueron utilizadas al completo. Después de que la curva de nuevas infecciones se aplanara gradualmente -a partir de la segunda mitad de marzo-, también se admitieron pacientes de Francia, Italia, España y los Países Bajos.

La reacción del Gobierno, liderado por la canciller, jugó un papel importante para asegurar que los ciudadanos tuvieran confianza en las decisiones adoptadas. Las restricciones iniciales y el cierre temporal de muchas empresas fueron aceptados y respetados porque la señora Merkel describió muy abiertamente el problema y justificó las medidas. Explicó lo que sabía y aseguró que, junto a los científicos, seguía buscando respuestas a las incógnitas que la pandemia planteaba. Se coordinó estrechamente con los primeros ministros de los estados federados, de modo que las decisiones más importantes se tomaron de manera consensuada.

No es cierto que los alemanes obedezcan las reglas del Estado más que otras naciones. Sin embargo, la forma que la canciller tuvo para comunicar y tomar sus decisiones ha fortalecido la confianza en el Gobierno por parte de la ciudadanía, que en su gran mayoría respetó las restricciones y las recomendaciones de comportamiento. La propia canciller Merkel ha sido muy cautelosa y ha advertido que, en vista de la amplia discusión sobre la flexibilización de las reglas, los ciudadanos no las han seguido tan escrupulosamente. A su juicio, no habría ninguna razón para relajar las medidas de precaución, y por este motivo no quiere levantar las barreras contra el virus demasiado rápido. Lo que Alemania ha hecho bien hasta ahora, dijo, no debe ponerse en riesgo.

Por Wilhelm Hofmeister Director de la oficina de la Fundación Konrad Adenauer en España
Comentarios

¿Qué hace a Alemania diferente?