Ante todo, la foto


La estrategia de comunicación que ha diseñado el PP en esta crisis se basa en lo que podríamos llamar política de la foto. Frente a la ocupación del espacio televisivo que ha elegido el Gobierno con interminables ruedas de prensa diarias y la sabatina semanal de Pedro Sánchez, Casado ha optado por apariciones periódicas en los más insospechados lugares. Así, se le ha visto visitando Mercamadrid, en un economato de Cáritas, escenificando un forzado gesto de dolor frente a un espejo, entre ovejas, pasando revista a los sanitarios como si fuera el jefe del Estado o con bata blanca en un laboratorio. Transformado en una suerte de vigilante inspector Casado. Ante todo, la foto. Pero si hay una alumna aventajada en esta táctica esa es Isabel Díaz Ayuso. Igual suelta un lágrima manchada de rímel en la catedral de la Almudena que, a los pocos días, reparte bocadillos en la macrofiesta de Ifema o se fotografía en una ridícula pose de virgen dolorosa en la primera página de un diario para desviar la atención de su gestión. Ante todo, la foto. Y el negro de luto como color omnipresente y único en su vestuario. El problema de esta estrategia comunicativa, como de todas en general, es la sobreactuación. Y Casado y, sobre todo, la presidenta madrileña han superado los límites que convierten un método supuestamente eficaz en una impostura. No hacen falta poses estudiadas al milímetro para mostrar el dolor inmenso que todos los españoles sentimos por esta tragedia que ha costado la vida a más de 26.000 personas. No hace falta poner una bandera con crespón negro en el balcón ni llevar un lazo negro. Estas puestas en escena para apropiarse políticamente de ese dolor se acaban volviendo en contra de quienes las utilizan.

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