Pablo Iglesias: la máscara y la mascarilla


Qué queda si a Pablo Iglesias se le desprende de su ideología. Un chalé y un jardín que no todos los españoles tienen la suerte de disfrutar, según su propia expiación. El vice pasó ayer por el Senado para exponer su labor al frente de Derechos Sociales, escurrir el bulto con las residencias de mayores y pedir al resto de partidos que aparquen sus «ideas y creencias» para superar la crisis. No añadió que, de paso, deberán asumir las que él plantea, pues, faltaría más, son las únicas que nos van a sacar del pozo. Iglesias se expresó con su nueva modosidad, un poco mezcla de catequesis y lectura íntima de la Constitución. Pero, ¿cómo darle crédito si su Gobierno decidirá aún hoy algo tan básico como si hay que usar o no mascarilla? El fotógrafo captó a míster Consenso en modo Hamlet —poner o no poner, he ahí la cuestión— y mostró que, cuidado con la piel de cordero, conserva intactos los colmillos. Como para no tener un extintor a mano.

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