Biodiversidad y patógenos


A lo largo de las cuatro últimas décadas, cerca del 70 % de las infecciones emergentes han sido zoonosis, es decir, enfermedades infecciosas animales transmisibles al ser humano. Estas enfermedades incluyen un único huésped y agente infeccioso, sin embargo es frecuente que haya varias especies implicadas, lo que significa que los cambios en la biodiversidad tienen el potencial de modificar los riesgos de exposición a este tipo de enfermedades infecciosas.

En el caso concreto de las víricas, un artículo publicado recientemente en la revista Proceedings of the Royal Society of London. Biological Sciences evalúa la cantidad de virus que las especies de mamíferos han compartido con los humanos. Los resultados revelan que «la explotación de la vida silvestre a través de la caza y el comercio facilita el contacto cercano entre la vida silvestre y los humanos, así como las actividades antropogénicas que han causado pérdidas en la calidad del hábitat de la vida silvestre han aumentado las oportunidades para las interacciones animal-humano y han facilitado la enfermedad zoonótica».

Hace tiempo que sabemos que la alteración de los ecosistemas naturales favorece la propagación de estas enfermedades. La extensión de la malaria, por ejemplo, se ve facilitada por la deforestación, ya que las áreas aclaradas favorecen a su vector; de la misma manera, la enfermedad de Lyme (una borreliosis) en el este de EE.UU. está asociada a la alteración de los bosques, a la sobrecaza de grandes depredadores y al crecimiento de poblaciones de roedores, que son los reservorios de la bacteria.

Es España se identificó por primera vez el virus responsable de la fiebre Crimea-Congo en el 2010 en garrapatas de la especie H. lusitanicum recogidas en una finca de Extremadura. En septiembre del 2016 se diagnosticó el primer caso autóctono en España que produjo un caso secundario, y posteriormente se han confirmado dos nuevos casos. Los resultados de los estudios realizados indican que ya en una amplia zona de España se está produciendo una circulación del virus de la fiebre Crimea-Congo, que avanza hacia el norte, y por tanto no puede descartarse la aparición esporádica de nuevos casos humanos autóctonos. Combatir el mosquito tigre es básico para evitar que transmita enfermedades como el virus del dengue, el chikungunya o el zika. Hace poco más de un año se produjeron dos casos de transmisión autóctona del dengue (en Murcia y en Barcelona). Aunque se notificaron más casos, estas dos personas fueron infectadas sin haber viajado a ningún país donde este tipo de virus es endémico.

Todos los agentes son diferentes, pero el patrón de emergencia es cada vez más claro.

La alteración de los ecosistemas naturales, con la consiguiente pérdida de biodiversidad, el cambio climático y los rápidos intercambios comerciales que posibilita la globalización están derrumbando barreras que nos protegían y alterando las áreas de distribución de los causantes de estas enfermedades. Podemos ignorarlo, pero eso no los detendrá. Aprendamos de la actual crisis que debemos tener un sistema sanitario potente, que debemos invertir en la investigación de las enfermedades infecciosas emergentes y que conservar la biodiversidad es nuestra primera vacuna.

Por Javier Guitián Biólogo y catedrático de Biología Vegetal de la Universidad de Santiago
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