Falsos apolíticos y filibusteros en los grupos de WhatsApp


Ni las «trumpadas» de Ayuso ni el gusto de Sánchez por el tacticismo y las operaciones a cortísimo plazo: prohibido hablar de política y de los políticos en el grupo de WhatsApp. Esta norma no aparece en el baqueteado BOE de la era covid-19, pero la han adoptado, por precaución, numerosos ciudadanos que quieren evitar que la crispación y polarización que reinan en el debate público contamine a su entorno privado y personal.

La propia naturaleza de los programas de mensajería los convierte en vehículos perfectos para la propaganda y los hace inadecuados para la discusión serena y sensata. Cuando surge un tema polémico, suelen creer ganar, por impacto o por agotamiento, los usuarios que escriben más rápido o los que abusan, tanto con la diestra como con la siniestra, de eslóganes, simplismos, caricaturas y descalificaciones. Pero su triunfo solo es aparente.

En una reyerta de WhatsApp se puede vencer, pero es muy difícil convencer. Y se puede apreciar que muchos que se dicen «apolíticos» repiten las técnicas que exhiben cada día los más avezados y encallecidos filibusteros parlamentarios: la cortina de humo, el ventilador, el y tú más, el informe tuneado, el subrayado parcial y maligno... Los políticos son un reflejo de la sociedad. Comparten y, posiblemente magnifican, nuestros defectos. Ellos suelen enrocarse y empecinarse antes de reconocer que el otro pueda tener razón. ¿Y nosotros? 

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Falsos apolíticos y filibusteros en los grupos de WhatsApp