El coronavirus, Trump y la OMS


Las grandes organizaciones internacionales llevan en cuestión desde hace décadas. La puesta en marcha de la Sociedad de las Naciones en 1920 y la posterior creación de la Organización de las Naciones Unidas en 1945 supusieron hitos históricos por muchos motivos, no siendo el menos relevante el deseo de evitar confrontaciones internacionales tan devastadoras como la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su incapacidad para poner fin a largos enfrentamientos como las guerras del Líbano o Afganistán, su ineficacia para solucionar conflictos como el árabe?israelí o intervenciones de dudosa legalidad internacional como la guerra del Golfo o la invasión de Irak del 2003 han ido parejas al cuestionamiento sobre su burocratización y coste excesivo.

Estas taras no solo afectan a su funcionamiento, sino al de todas las instituciones que han nacido bajo su paraguas, como por ejemplo la Organización Mundial de la Salud, la OMS. Esta institución, que ha demostrado ser bastante útil monitorizando problemas de salud internacionales tales como las hambrunas, el sida, las epidemias de cólera o el ébola, está siendo muy cuestionada por su gestión de la pandemia del coronavirus. Y a ello se ha debido la retirada temporal de fondos por parte de EE.UU., una medida propagandística de Trump con la que, sin duda, quiere culpar a otros de su nefasta gestión de la crisis, que ya ha provocado más de 100.000 muertes en su país. Siendo una de sus misiones el liderazgo en actuaciones conjuntas, la falta de contundencia a la hora de recomendar las medidas de contención, de prevención del contagio y acopio de materiales y su tibieza a la hora de cuestionar la información provista por China -por otra parte, un país que dista mucho de ser una democracia transparente- es lo que, en cierta medida, han dado argumentos a Trump. No compartiendo esta medida en un momento de crisis tan grave como este, sí que es preciso reconocer lo oportuna que es la investigación que se va a llevar a cabo sobre su gestión. Una oportunidad de oro para aprender de los errores e iniciar una etapa de cooperación efectiva y eficaz para la protección de la salud mundial.

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