Desde que Carlos Sainz descubrió Asturias, allá a finales de los años 80, quedó prendado de esta región, especialmente de la zona oriental, hasta el punto de visitarla con cierta frecuencia junto a su familia a nivel particular, al margen de sus largas estancias en el Principado para preparar y participar en los rallyes asturianos puntuables para el Campeonato de España.
El flamante premio Princesa de Asturias de los Deportes 2020 instaló durante años su cuartel general en la localidad de Sevares, más concretamente en el restaurante La Pérgola, que gestionaba el matrimonio formado por Alfonso y su esposa Marisa. Tras muchas horas, tras muchos días y semanas conviviendo con ellos, entablaron una gran amistad que traspasó la relación como cliente. Sainz y su inseparable copiloto, por aquellos tiempos Antonio Boto, se pasaban el día hablando y paseando con las gentes del pueblo, hasta llegar la noche e iniciar los entrenamientos por las viradas carreteras del oriente. Había animadas comidas, chismosas sobremesas, junto a otros pilotos que también se hospedaban allí, siestas, partidas al mus e, incluso, algún fin de semana, hasta disfrutó el nuevo premio Princesa de los Deportes de alguna romería cercana y de la sidra, siempre en compañía de Alfonso y de sus hijos.
Sainz se hizo querer y mucho por los habitantes de esta zona y por los clientes de la Pérgola en los que dejó huella, pese a su juventud y a su estatus de piloto oficial. Y hasta cuando no había competición Sainz y su familia visitaban en más de una ocasión en Sevares a sus amigos para pasar unos días juntos, recorrer y conocer alguna zona del oriente asturiano y, cómo no, visitar la Santina de Covadonga y la Basílica.
Carlos Sainz compitió por primera vez en Asturias en un Rally Príncipe de 1981, con un Seat Panda, en lo que eran sus inicios como piloto. Y aquí gestó uno de sus primeros éxitos al ganar esa temporada la Copa Nacional Panda. En su palmarés tiene, además, las victorias del rallye ovetense y del Llanes de 1987, con un Ford Escort. También participó y ganó en varias ediciones del Fórmula Rally que durante unos años se disputaba en un circuito ubicado en el antiguo matadero ovetense con la presencia de otros pilotos mundialistas.
El resto del currículum del piloto madrileño es de sobra conocido: campeón de España en varias ocasiones, campeón del Mundo en los años 90 y 92, ganador de tres ediciones del Dakar e innumerables victorias en raids... Le llega este Pemio Princesa de Asturias de los Deportes justo cuando ha sido denominado como El Mejor Piloto del Mundo de todos los tiempos, tras una votación en la que participaron más de 300.000 personas de todo el mundo, imponiéndose al piloto francés Sebastien Loeb, siete veces Campeón del Mundo. Ahí es nada. Algo tendrá Carlitos, que diría su amigo y tristemente ya desaparecido Alfonso el de la Pérgola.