¿Nueva normalidad o vieja realidad encubierta?


Nuestra memoria es frágil. Parece un grave inconveniente, y en muchas ocasiones lo es, pero también resulta un gran mecanismo de defensa para afrontar situaciones difíciles que de otro modo afectarían a nuestra cordura. Sin embargo, el olvido no siempre es posible porque la realidad tiene la mala costumbre de imponerse con toda su crudeza. Así, esta pandemia mundial que nos ha paralizado durante tres meses, que nos ha obligado a enclaustrarnos alejándonos del resto de los seres humanos, que nos ha sumido en un mar de impotencia y tristeza ante la muerte de decenas de miles de personas y nos ha enfrentado a la dificultad del bloqueo económico, solo ha frenado momentáneamente el sinfín de conflictos sin resolver en Oriente, de tal suerte que, desde la semana pasada, todas las tensiones han comenzado a aflorar e incluso a agravarse.

Así, mientras en Siria y Yemen la crisis humanitaria provocada por la guerra se ha convertido en una tragedia por culpa del covid, Turquía viola impunemente el espacio aéreo iraquí para bombardear un hospital en Sinyar ocupado por yazidíes, la etnia diezmada por los terroristas del Daesh. Mientras los libaneses han regresado a las calles para reclamar soluciones ante la desesperada situación económica en la que se encuentran, la ratonera de Cisjordania arde por el anuncio del primer ministro israelí Netanyahu de su deseo de anexionarla a Israel. Un plan ilegal que responde tanto a la precaria situación política de Netanyahu dentro de su país como al temor fundado de que su principal valedor internacional, Trump, no salga reelegido, a la vista de la sarta de desatinos y su nefasta gestión tanto de la pandemia como de las protestas por discriminación racial y brutalidad policial originadas por el asesinato de George Floyd.

Y, por si todo esto fuera poco, Corea del Norte bombardeó el pasado martes la oficina de enlace conjunto con Corea del Sur, haciendo saltar por los aires los últimos esfuerzos de acercamiento entre los dos países y agravando la tensión en esa zona del Pacífico donde, no muy lejos, Duterte afianza su dictadura en Filipinas, mientras China afronta un rebrote del covid que decía tener bajo control.

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