Dios salve a América

ZUMA Wire dpa

Tras conocer esta semana la decisión judicial que permite la publicación del libro donde John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional, retrata a Donald Trump como una persona sin capacidad para ser presidente de Estados Unidos, este estalló en las redes sociales y lo calificó de «hombre despreciable» y de mentiroso. El insulto y la hipérbole son los rasgos más característicos de la forma de expresarse del magnate. El mismo día que arremetía contra Bolton decía en Tulsa sobre sus críticos, y más concretamente sobre los medios de comunicación, a los que suele tachar de corruptos, patéticos y deshonestos: «Yo tengo casas más grandes, propiedades mejores, y mejor pelo».

No hay en el mundo mandatario de discurso tan productivo. Las marchas por la muerte de George Floyd bajo la rodilla de un policía le han dado pie a calificar de «criminales de extrema izquierda» a quienes protestan. Para él, la caída de un septuagenario que fue empujado por policías ha sido un «montaje». Los demócratas, a los que ya consideraba «perversos y viles», son también «locos» por proponer recortar los fondos y desmantelar la policía de Mineápolis, ciudad donde quienes se manifiestan son «matones». Por no reprimir más las protestas, los gobernadores de los estados se han convertido en «idiotas».

El presidente tiene para todos. Ha descubierto que Obama, cuya herencia política ha desmantelado hasta donde ha podido, es un «incompetente» y un «corrupto»; Dennis Muilenburg, ex director ejecutivo de Boeing, un «condenado hijo de perra»; Soleimani, el general iraní asesinado recientemente, un «hijo de puta»; el primer ministro de Canadá, Trudeau, «falso»; y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, una «loca». Esto mismo se lo llamó a Omarosa Manigault, una veterana participante en realities a la que llevó a trabajar a la Casa Blanca y a la que acabó tratando de «perra» y «llorona». A la actriz Rosie O’Donnell, que en 2002 lo llamó «vendedor de crecepelo», la tachó de «cerda», «degenerada», «guarra» y «asquerosa del derecho y del revés». De ella escribió en El secreto del éxito: «A una pendenciera hay que atizarle fuerte de verdad, muy fuerte, justo en el entrecejo».

 El hombre que pasa por ser el más poderoso del mundo se retrata cuando abre la boca. Como dice el título que suele darse en español a la canción God Bless America, Dios salve a América.

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