De la demolición al tacticismo


Más que oposición, Pablo Casado ha hecho demolición durante el estado de alarma. En lo peor de la crisis se dedicó a contar los muertos todos los días y cuando las devastadoras cifras comenzaron a caer dejó de hacerlo y pasó a acusar al Gobierno de esconderlos. El líder del PP llegó a decir que Sánchez quería implantar una «dictadura constitucional» (sic). Mientras, repetía que su modelo era la gestión de Díaz Ayuso en Madrid, donde se dejó morir a ancianos al negarles la atención médica. Casado creyó que el inestable Gobierno de coalición podía caer. Y se puso a la tarea, con Álvarez de Toledo como ariete de la crispación y con el beneplácito de Aznar. Feijoo y otros barones no le compraron la estrategia. Una vez controlada la pandemia, de momento y con todas las cautelas, ha decidido dar un volantazo táctico. Tras votar no a las últimas prórrogas al estado de alarma, apoyó el decreto de nueva normalidad, al igual que el ingreso mínimo vital. A regañadientes. Y se vislumbra un acuerdo de mínimos en la comisión de reconstrucción. Contra el pronóstico de muchos, Sánchez ha salido vivo de la crisis. Incluso ha ampliado su base parlamentaria, sumando a Ciudadanos en momentos clave. Casado sabe que la escalada de la tensión no se puede mantener siempre y que derribar al Ejecutivo no será tarea fácil. Ahora quiere dar la imagen de oposición moderada, responsable y que actúa con sentido de Estado, exactamente lo contrario de lo que ha hecho en los últimos meses. Otra cosa es que resulte creíble. Porque en Europa el PP se ha alineado con los halcones del norte que quieren condicionar las ayudas de la UE a España y ha cuestionado en Bruselas que nuestro país fuera un Estado de derecho durante la alarma.

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