Habrá que ceder, presidente


Visto el resultado de la gira europea de Pedro Sánchez, es inevitable la impresión de que nos vendieron la piel del oso antes de cazarlo. La piel era el maná de 144.000 millones de euros que iba a caer del cielo de la Unión, la mitad como crédito a devolver y la otra mitad como generoso regalo a fondo perdido de los socios comunitarios. Siempre se advirtió que se trataba de un proyecto de largo recorrido y no de un hecho consumado, pero dio igual: el regalo iba a salir de unos reyes magos disfrazados de Consejo Europeo porque si no, decían, Europa carecería de sentido y habría comenzado su propia demolición. Tengo la impresión añadida de que esa cantidad se incluyó mentalmente en las cuentas del Ministerio de Hacienda para los próximos Presupuestos.

En sus escalas en Holanda y Suecia, el presidente pudo comprobar que Europa es cualquier cosa, menos una ONG. No se deja impresionar por la crisis social y económica y ha dicho, primero, que la negociación será muy difícil; segundo, que será durísima, y tercero, que créditos sí, beneficencia no. Tres conceptos distintos y una sola realidad verdadera: que el Consejo Europeo de mañana arranca con todo el suspense, porque arranca con todas las incertidumbres. No se puede hacer ninguna apuesta sobre el Fondo Europeo de Recuperación. Los llamados países frugales están intratables y entienden que no tienen por qué regalar nada.

La conclusión a la que llegó el señor Sánchez después de sus conversaciones es sorprendente: habrá que ceder. Por supuesto, presidente. ¿Cuántas veces se habrá escrito? Negociar es estar dispuesto a hacer concesiones. En el complejo mundo de hoy el buen gobernante es el buen negociador. Dictar normas e imponer criterios lo hace cualquiera, no hace falta una inteligencia ni una habilidad especial, solo hacen falta asesores. Para negociar sí se requiere inteligencia, astucia y habilidad. Ese será el examen al que se someterá la delegación española. Y Europa ha cambiado mucho, como se vio en el caso de Nadia Calviño: ya no basta el acuerdo de los grandes. Los pequeños también tienen voz, tienen fuerza, tienen intereses respetables y tienen, sobre todo, voto. Y a veces se levantan en rebelión.

No vean en estas palabras la menor crítica a Pedro Sánchez ni a su Gobierno. Si al final las cuentas no salen como él quería, no habrá sido por mala gestión, sino por dificultades externas insuperables. Es muy probable que la oposición se lance a acusarle de impericia o ineficacia. Ya lo hizo también después del fiasco de Calviño. Si lo hacen ahora no podrán evitar que se diga que se alegran de todo lo malo que le pase a España porque perjudica al Gobierno. Y el Gobierno, a su vez, no debería echar la culpa a la supuesta falta de apoyo del PP. Los únicos culpables serían, entre otros, el sueco y el holandés. Y los mecanismos de la Unión, que son de una desesperante lentitud.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Habrá que ceder, presidente