Estamos todos expectantes por el camino que decida tomar el PP, tras la victoria inapelable de Feijoo basada en la moderación y el equilibrio, y los primeros síntomas son que se va a mantener la línea Casado que lo ha llevado a donde está. No parece que, por el momento, el efecto Galicia impresione en Génova 13 tanto como para reconocer que es por donde ha de caminar en el futuro.
Los continuos llamamientos del presidente Feijoo a hacer un partido centrado y templado, sus peticiones de moderación y la necesidad de hacerse con el electorado de centro, no han surtido efecto. Pese a que también contaron con el respaldo de importantes barones territoriales. Faltó tiempo para que Pablo Casado asegurase que «a nosotros nadie nos tiene que llevar a la moderación porque siempre hemos estado en ella, pero nadie nos debe apartar tampoco del combate contra la radicalidad». Y para que la portavoz Álvarez de Toledo le espetase al presidente gallego aquello de que «la moderación no es un proyecto político».
Y es que lo mismo el debate está mal planteado y donde hay que centrarlo es en la gestión, el carisma, el liderazgo y las posibilidades del actual presidente popular, que navega dejándole llevar el timón a Faes y a un expresidente de Gobierno de triste recuerdo. Porque debería hacer reflexionar la cosecha en el partido de Casado, cuyos méritos académicos se reducen a un máster que, según la Justicia, le regalaron «a modo de prebenda». De su mano el PP logró los peores resultados de su historia. Más tarde dejó que el facherío le arrebatase una parte de su electorado. Y ahora acaba de volver a estrellarse en Euskadi, tras liderar, a cuenta de la pandemia, la campaña de deslealtad más despiadada del sistema planetario.
Quienes piden moderación y temple, desde dentro de la formación porque los ajenos no tenemos mucho que decir, tendrían que pensarse si deben cambiar el objetivo y ver si es Pablo Casado el líder que precisan. En unos tiempos en los que la sociedad apela al diálogo y a la negociación, él ofrece confrontación y estruendo. Y a ver si el problema es Casado. Que no es un líder para un partido democrático llamado a gobernar.
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