Frenar los brotes y relanzar Asturias


redacción

Hemos doblegado la curva de la pandemia, es cierto, pero ahora, tan malo sería ignorar lo logrado como dormirnos en los laureles. Se trata de estar muy atentos para evitar el descontrol en la fase en que ahora estamos y también por solidaridad planetaria con los que más la están sufriendo ahora. Tenemos que reconocer, de una vez por todas, el impacto global de la pandemia y abandonar la obsesión por la polarización política estéril. Se trata hoy de la amenaza más letal, solo comparable a la hambruna, la guerra nuclear o la emergencia climática, por su capacidad de alterar y paralizar el funcionamiento del conjunto del planeta. Es el «cisne negro» que era probable pero nunca lo esperamos, y que, sin embargo, posee efectos devastadores para la humanidad. 

Se trata de una crisis de salud pública y de gobernanza de la salud global. Además, de una crisis de modelo de desarrollo y también de una crisis de equidad. Porque la pandemia no es igual para todos. Y como consecuencia, asistimos ya a una profunda crisis económica y social, de nuevo asimétrica, presidida por el miedo y la incertidumbre y con la posibilidad de provocar en el futuro un mayor clima de desconfianza o bien de solidaridad y de más que probables crisis o bien de transformaciones políticas. Basta para ello con solo mirar al pasado, pero el futuro depende de nosotros. Resultaría pues, un contrasentido hacer solo un balance local y además hacerlo apenas al principio de una pandemia que se presume larga. El balance global tardará seguramente años. 

Lo que conviene, por tanto, es hacer ahora un análisis crítico, ni negacionista ni inquisitorial, pero tampoco complaciente ni agorero. Todo ello con el objetivo de tomar las medidas correctoras, aún posibles frente a los brotes actuales, y sobre todo para evitar que una, más que probable, segunda ola nos desborde. Pero también con la finalidad de sentar las bases de un imprescindible pacto por Asturias para la futura y deseable transición industrial, económica, social y sanitaria. Las causas. La pandemia, una vez más, obedece a determinantes y causas conocidas, en este caso al modelo descontrolado de globalización. Al modelo intensivo de producción, de urbanización y movilidad que ha estado detrás de la mayor parte de los casos de transmisión más reciente de zoonosis como el Covid-19 al ser humano. La causa, sin embargo, ha sido el exceso de confianza y la complacencia de los países ricos, entre ellos nosotros, por sus antecedentes como meras gripes asiáticas o de oriente medio como el SARS o el MERS. En definitiva, en un principio fue la incredulidad, la despreocupación y el exceso de confianza en nuestra superioridad técnica y la de nuestros sistemas sanitarios. En nuestro caso, se ha complicado por la ausencia de un sistema de salud pública articulado y de su gobierno compartido, al mismo nivel de calidad que el conjunto de nuestra sanidad pública. 

Una vez en plena transmisión comunitaria, hemos visto una vez más las consecuencias de la deslocalización, la concentración de industrias sanitarias en Asia y la interrupción de las cadenas de suministro con el colapso del mercado de EPIs, test y medicamentos genéricos. También hemos sufrido el ya tradicional desinterés de las compañías farmacéuticas por la investigación de las vacunas y los fármacos para agentes infecciosos y enfermedades agudas, frente a la rentabilidad a largo plazo de los tratamientos de procesos crónicos y degenerativos. Asturias: «Una conjunción virtuosa de ventajas y aciertos». Entre el azar y la necesidad. Hemos de reconocer que en Asturias hemos tenido tradicionalmente el grave inconveniente de estar fuera de los grandes nodos de comunicación y movilidad. La paradoja es que en esta epidemia ha sido una ventaja indiscutible. Una marginación indignante a la par que virtuosa. Pero no cabe duda que la fortaleza del sistema sanitario público ha sido el otro gran factor de protección frente a la pandemia, incluso sin habernos repuesto aún del todo de las políticas de austeridad. Nuestra sanidad pública ha demostrado una buena capacidad de respuesta con la integración de la atención sanitaria, las pruebas de laboratorio, la atención primaria y la salud pública. 

Todo ello, junto a la existencia de una potente red pública de prestaciones y servicios sociales como garantía de equidad. Y eso a pesar de la pérdida de impulso y la fatiga del modelo de salud comunitario, y por tanto del proyecto de futuro tanto sanitario como social en Asturias. El punto débil del sistema sanitario ha estado, como en el resto de España, en particular a la red básica de salud pública y en el papel cada vez más secundario de la atención primaria. También en las carencias de la prevención y la atención sanitaria en las residencias de mayores. Es decir, a su vulnerabilidad en la atención y la coordinación sociosanitaria. En otro orden de cosas, hay que situar las importantes carencias de la investigación sanitaria, con un instituto aún a la espera de reconocimiento al cabo de varios de años por parte del Carlos III. Por otra parte, esta nueva crisis nos coge otra vez con el pie cambiado, entre el anuncio de la transición industrial justa y la realidad del día a día de otra reconversión dura. Y con una grave crisis económica postcovid, ya evidente a pesar de las intensas medidas sociales, y con una repercusión particular en jóvenes y mujeres. Sin embargo, también entre lo positivo, en el confinamiento hemos constatado la centralidad de la alimentación y la necesidad apremiante de una industria sanitaria española y europea. Es decir, nuestra potencialidad también en investigación, y en la industria sanitaria y del medio ambiente. Pero para todo ello, es prioritario responder al reto de la unidad y la cooperación, removiendo la dificultad para los acuerdos y ampliando los gobiernos, hoy en minoría. 

Mis conclusiones: es de destacar, como hemos dicho, la fortaleza de la respuesta de la sanidad pública asturiana. Pero no somos una isla. Los brotes ya están aquí y hay que controlarlos y al tiempo recuperar la actividad. Por eso el papel central de la salud pública, la atención primaria y la salud laboral para evitar brotes y prepararnos para posibles oleadas. En este sentido no basta con el continuismo. Es preciso reforzar sustancialmente la atención y el rastreo de los equipos de primaria y salud pública. También con especial atención a los sectores vulnerables como las residencias de ancianos y los centros de discapacidad. Además de continuar ampliando la respuesta social del gobierno ante las consecuencias de la crisis, con el protagonismo del sector público. También con visión de futuro es preciso establecer las bases para un pacto político y social para la transición económica en Asturias. Una nueva frontera, con una oficina o comisionado para la prospectiva y un gobierno de amplia base para desarrollarla. Un pacto basado también en la necesidad de proteger a los sectores más débiles: un nuevo contrato social que integre el cambio de modelo y la refundación sanitaria preventiva y el nuevo modelo residencial. Para todo esto es imprescindible justicia fiscal, una red voluntaria de solidaridad y el compromiso cívico. ¿Qué hacer entonces? Primero, utilizar los frenos de emergencia. Un decálogo: hacer una evaluación parcial y por tanto eminentemente práctica. Para reorientar el presupuesto extraordinario post Covid-19 e iniciar el cambio de prioridades. No con el reparto habitual para todo, sino para reforzar el personal de salud pública de base y la atención primaria y así coordinarlo con salud laboral y dar mayor papel al ámbito municipal en el seguimiento de contactos y el aislamiento de los infectados. Asimismo con objeto de garantizar la protección, cuidados y la atención e inspección sanitaria a residencias de mayores y centros de dependientes. El diseño de planes de contingencia y protocolos para asegurar la protección frente al Covid-19 y recuperar la economía. En particular en salud laboral. Garantizando la información y solidaridad, asegurando los hábitos de separación física e higiene. Y contando con una reserva estratégica autonómica explorando la producción propia de kits de protección y test. Además de retomar la atención sanitaria presencial, recuperando la relación terapéutica, con la telemática solo como complemento. El refuerzo del rescate social. Para proteger a los colectivos más débiles y consolidar los servicios públicos. Manteniendo el salario social como mecanismo suplementario. Y para todo ello, la defensa de una fiscalidad progresiva y también del compromiso altruista. Además de lo urgente, queda ponerse de acuerdo en lo prioritario para el presente y futuro de Asturias: en poner las bases sociales y políticas para el pacto de transición económica e industrial. Entre otros en la universidad, el nuevo contrato social y el área central. Los ejes del nuevo contrato social en base a la justicia fiscal y la solidaridad. Queda la evaluación, los cambios de modelo y las reformas necesarias: la refundación del modelo sanitario preventivo y su reorientación a crónicos. La atención primaria cómo agencia del conjunto del sistema y la efectiva coordinación sociosanitaria. El desarrollo de la ley de salud pública y valoración de su elaboración en Asturias. Y la evaluación del cambio de modelo de cuidados y atención residencial.

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