Anomalía Primo de Rivera con proyecto nacional

OPINIÓN

27 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

A diferencia de los pronunciamientos decimonónicos o del posterior 18 de julio, la dictadura Primo de Rivera no se fragua en ninguna embajada de una potencia extranjera ni tendrá su respaldo incondicional, sino que hunde sus raíces y motivos en sectores de la propia oligarquía española. Este nacimiento independiente le conferirá un margen de maniobra desconocido para los regímenes anteriores.

En primer lugar, el debilitamiento, tras la Primera Guerra Mundial, del dominio de Inglaterra y Francia sobre sus áreas de influencia, entre ellas España -sometida hasta el momento a un férreo control político y con la dependencia de los sectores oligárquicos- deja a la clase dominante española un margen de autonomía que aprovecha para impulsar el proyecto nacional encarnado en la dictadura de Primo de Rivera.

Desde diciembre de 1922 a finales de 1930 la renta nacional en España tuvo crecimientos anuales que duplicaban la media del primer tercio de siglo y eran homologables con la de otros países europeos. El sector industrial experimentó un fuerte crecimiento, incluso por encima del experimentado por la media nacional: progresó a una tasa del 5,5% anual entra 1922 y 1930, a un ritmo similar al de otros países europeos. La inversión bursátil en valores industriales se quintuplicó.

Una oligarquía financiera, que se había fortalecido -gracias a la acumulación y concentración de capital producto de la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial- con claro predominio de los sectores financieros ligados a los grandes bancos y la gran industria, se sentía capaz de dar un salto en el desarrollo del capitalismo monopolista en España.

Pero la insuficiencia relativa del capital oligárquico hace del Estado ?absolutamente fundido con los intereses del gran capital financiero- el principal impulsor desde arriba del desarrollo del capitalismo monopolista de Estado. La política de inversiones de la dictadura se dirigió a los sectores claves: industria básica productora de bienes intermedios (siderurgia y metalurgia, cementos, química), y de bienes de producción (construcción mecánica) e industria eléctrica.

Una parte cada vez mayor de la renta generada fue destinada a la inversión, que se elevó al 21% del PIB en 1929, un máximo que sólo se repetirá treinta años más tarde. Primo de Rivera emprende desde el Estado un vasto programa de obras públicas que, en parte, se basa en las ideas y proyectos de los regeneracionistas. 

Se planifica la construcción de 7.086 km de carreteras. Se duplica la red de ferrocarriles. Se crean las Confederaciones Hidrográficas para invertir en un plan de regularización de aguas, riegos y electrificación que pretende alcanzar a todo el país. Se impulsan la construcción de pantanos, la modernización de los puertos y la repoblación forestal. Se instaura un nuevo sistema de recaudación de impuestos. Y durante sus seis años de gobierno se construyen 5.000 escuelas, más que en las 4 décadas del régimen anterior.

Una firme defensa de la industria y la producción nacional restringe las importaciones, por lo que la demanda interna se dirige a la producción nacional, y el comercio exterior español aumentará en un 300%. La protección del Estado a la producción nacional se brinda a través de subvenciones, exenciones fiscales, ventajas para la exportación, tarifas especiales en los transportes y un trato preferente en las compras del Estado. Y el Banco de Crédito Industrial, el Banco de Crédito Local y el Banco Exterior sustituyen el papel clave que jugaba la banca extranjera.