Redacción

Cuando empecé a trabajar pintando casas apenas era un crío. Viví en mis carnes el auge del sector de la construcción desde dentro, por así decir, y vi su caída no hace tantos años ya desde fuera, aunque cuando estaba dentro sabía que iba a ocurrir. No lo intuía, no lo creía, lo sabía con total certeza mientras sesudos economistas negaban la existencia de la burbuja inmobiliaria cada vez que les ponían un micrófono delante.  

Llevo fuera del sector bastantes años, pero para ir a trabajar hoy tengo que tomar el autobús, y en él van trabajadores de la construcción. Como en mi época, llevan el cansancio de meses dibujado en el rostro, y lo más probable es que se les quede ahí para siempre, viejos prematuros a los que es imposible calcularles la edad. Les escucho hablar entre ellos, es inevitable, y veo que el sector conserva intactos todos y cada uno de los vicios que presentaba cuando yo era joven: pagos en negro, horas extras sin cobrar, seguridad laxa, personas trabajando sin contrato, malos modos, humillaciones. No es un secreto, no es algo de lo que se avergüencen, no es algo que crean que debe ocultarse. Es algo que se da por hecho. Es inseparable del sector y la principal razón de su naturaleza efímera.

Abandoné ese trabajo y me prometí a mí mismo no volver ni aunque tuviera que vivir debajo de un puente. Dejé de encontrarle un sentido a pintar por un sueldo irrisorio pisos y casas que nunca me podría pagar, y eso incluye todas las casas de este país.

Junto al polígono donde trabajo están edificando. Cada isleta, cada trozo sin urbanizar, fue debidamente recalificado en su día y tan solo hace dos o tres años se pusieron a construir. El más pequeño de los pisos que están haciendo está por encima de los trescientos mil euros. A ver si adivinan dónde trabajan los obreros de la construcción que van en el mismo autobús que yo todas las mañanas. Habrá mucha gente preguntándose cómo es que la pandemia nos está golpeando tan duro y sus consecuencias económicas son más desastrosas que a nuestro alrededor. Sigan haciéndose preguntas si quieren.

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