Entre el estupor y el miedo


Empieza un agosto totalmente diferente a los que conocíamos. La pregunta que cabe hacerse es ¿cómo soportará este país, mejor dicho sus ciudadanos, la que se nos viene encima? La pandemia que golpea a España con suma virulencia ha provocado un desastre sanitario y una catástrofe económica sin precedentes, que tenderá a empeorar a corto plazo con el golpe mortal asestado al turismo. Ante esta hecatombe, las otras dos graves crisis que nos afectan, la territorial y la institucional, parecen menores. Aunque no lo son. El desafío independentista, que no cesa ni en estos momentos sumamente dramáticos, toma un nuevo aliento con el rechazo a la semilibertad de los presos del procés, lo que alimenta ese victimismo congénito que le es propio. Por su parte, las escandalosas revelaciones sobre el rey emérito suponen un golpe a la monarquía, aunque no afecten a Felipe VI. Esta situación límite, lejos de provocar un acercamiento de los dos principales partidos políticos, ha intensificado el enfrentamiento. Sorprendentemente, Sánchez no ha perdido apoyos, según las encuestas, sino que se ha afianzado, lo que no entraba dentro de los cálculos de Casado, que optó por una política de oposición radical que causara el máximo desgaste al Gobierno, incluso su caída. Mientras, Vox anuncia una moción de censura, que más bien parece un órdago a Casado y que podría reforzar al presidente. El resultado es que cada vez más españoles consideran que los políticos son más un problema que la solución. El ciudadano de a pie contempla con una mezcla de estupefacción, miedo y quizá cierta inconsciencia este escenario de pánico que nos espera a la vuelta del verano con la amenaza de una nueva oleada del covid y los efectos devastadores en la economía.

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