Efectista, pero dudosamente ejemplar. Así ha sido el castigo de Mediaset a Marta López, que acapara titulares a raíz del breve comunicado en el que informa de su despido por las imágenes que ella misma ha difundido bailando sin mascarilla en un festival. Unas imágenes que, alega el grupo, chocan con su «estricto protocolo» anticovid.

Quizás podrían haberse extendido para explicar por qué, tras visualizarlas escandalizados, la dejaron volver a su puesto en Sálvame el viernes 14 de agosto. Y no solo eso, sino que la cadena volvió a requerirla el lunes 17, tanto a ella como a varios de los colaboradores que ya la habían acompañado el viernes y que no fueron aislados hasta días después, junto con los profesionales de media cadena. La PCR, que a estas alturas se supone que ya se le habrá practicado dado que finalmente ha trascendido su positivo en coronavirus, tardó demasiado en llegar. También tardó demasiado Mediaset, considerando que las imágenes tienen tal entidad como para despedirla, en aislarla de forma preventiva nada más hacerse públicas a la espera de tener resultados más concluyentes. Con la que está cayendo, no tiene justificación vanagloriarse en redes de ir a un concierto sin mascarilla ni distancia de seguridad. Pero lo cierto es que tampoco en ningún plató de televisión hemos visto ninguna esas dos medidas desde el inicio de esta pandemia.

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El castigo de Marta López