Presencia educativa y acto político

Manuel Fernández Blanco
Manuel Fernández Blanco LOS SÍNTOMAS DE LA CIVILIZACIÓN

OPINIÓN

26 ago 2020 . Actualizado a las 09:11 h.

Uno de los problemas para la práctica educativa deriva de que el conocimiento cada vez está menos encarnado, para los niños, adolescentes, y jóvenes actuales, en figuras que representan el saber. Esto está favorecido por la expansión del mundo virtual que posibilita un acceso al supuesto conocimiento, al alcance de un clic, sin pasar por la presencia de quien lo atesora. Hoy el saber parece estar en el bolsillo, no es el objeto precioso que posee el profesor. Del saber del profesor, de los padres, del sabio, se ha pasado al saber de Internet.

Pero la auténtica educación, la que deja huella, está sostenida siempre en un deseo que no es anónimo. Casi todos hemos sido marcados por algún profesor de modo inolvidable. Por eso la labor educativa fundamental es la menos programable: consiste en despertar el deseo de saber. La sorpresa, la pasión por el saber, no se transmite solo en los contenidos y exige la voz, la mirada, la presencia corporal. Por eso toda educación digna de ese nombre es presencial. A nivel virtual se pueden transmitir informaciones y contenidos, pero el encuentro educativo se ve limitado si se produce detrás de una pantalla.

La presencia del docente es especialmente valiosa para los alumnos cuyos padres tienen más problemas personales, económicos o culturales para realizar una labor de apoyo educativo. La función del profesor es todavía más decisiva en estos casos y constituye un elemento fundamental para evitar la brecha educativa derivada del origen familiar y poder permitir la promoción social del talento.