Urgencias y emergencias: soluciones

Europa Press

«Ha vuelto», aunque más cierto sería decir que nunca se ha ido. No se han borrado de nuestra mente las impactantes imágenes de hace escasos meses y casi sin respiro nos encontramos nuevamente sintiendo el resoplar de la tormenta. En esta emergencia sanitaria el agente causal siempre ha estado esperando el menor resquicio de nuestra sociedad para penetrar en nuestras vidas y marcar definitivamente nuestra historia… Una historia que se repite y que condicionará nuestro futuro y nuestra existencia.

En el vórtice de esa tormenta convertida en huracán en los meses de marzo y abril, unos servicios sobradamente conocidos hicieron de tripas corazón y gestionaron todos sus recursos para convertirse en un cabo de vida que impidiera que ese gran barco llamado sanidad naufragara… Servicios de urgencias y emergencias, auténtica válvula de seguridad del sistema, inundados de una marea viral cargada de silencio... y posterior olvido. En este país de contrastes hemos observado como estos profesionales (urgenciólogos) han vivido un verano dramático en algunas localidades, cargados de turnos, sin cobertura, sin respaldo… Pero esto no es nuevo; en algunas comunidades, el porcentaje de temporalidad ronda el 50 % en estos servicios, sin reconocimiento y sin apoyo.

Algo deberíamos haber aprendido de la «primera ola»: necesitamos servicios de urgencias y emergencias estructurados, uniformes, homogéneos con plantillas estables y con garantía de recambio, con profesionales formados por y para nuestros servicios. Algo por otra parte común en toda Europa donde esta formación llamada especialidad de urgencias existe en 24 estados (una garantía de profesionalización y de futuro); pero en el país de los contrastes somos inmunes al progreso.

No deja de ser curioso que en el dictamen sobre sanidad de la comisión de reconstrucción (que les invito a leer), nuestros representantes no consultaran a nadie de este pilar básico de la sanidad; no deja de ser sorprendente que en ese documento no haya una sola referencia a nuestros servicios. Solo hay dos posibles sustantivos aplicables: ignorancia o ineptitud.

Solemos apelar a la responsabilidad, la que nos permite cumplir nuestros compromisos, por respeto a nosotros mismos y a la sociedad en la que vivimos. Hace exactamente dos años (antes de este intenso período de dolor y sufrimiento), Congreso y Senado aprobaron que nuestros servicios de urgencias y emergencias debían tener un reconocimiento específico y desarrollar una formación propia (como en todo nuestro entorno socio cultural)… ¿Saben lo que se ha hecho? Nada, absolutamente nada. En este país de contrastes, la responsabilidad y los compromisos navegan en diferentes mares de respeto según las esferas de poder donde se encuentren…

Cansados, hastiados y hostigados, olvidados, ninguneados siempre… Aún así, me siento muy orgulloso de todos estos urgenciólogos. A todos los que estáis, y seguís estando os doy unas enormes gracias. El señor Salvador Illa prometió en el Congreso que antes de que acabe este año, nos darán un «pasaporte para el futuro». Prefiero pensar que es sincero (no como otros que le han precedido). La tormenta muestra ya sus vientos, en este país de contrastes, los «cabos de vida» que no se amarran con fuerza pueden llevar el barco al fondo. En urgencias y emergencias, seguimos esperando...

Por Tato Vázquez Lima Vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias
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