Un otoño tenebroso


El impacto de las medidas adoptadas para combatir la actual pandemia por parte del Gobierno español han llevado a la economía española a un retroceso desconocido en tiempos de paz. 

Hemos vivido el confinamiento más severo de Europa, que ha tenido el mayor impacto económico del continente. Los datos que vamos conociendo, correspondientes al tercer trimestre, confirman que no vamos hacia una recuperación en V, como esperaban los más optimistas. Más bien vamos hacia una curva en forma de L, en el mejor de los casos.

A finales de agosto, los principales organismos económicos calculan una caída superior al 10 % para el conjunto del año. Estas previsiones se revisarán a la baja durante el mes de septiembre, para reflejar la mala evolución del sector turístico, que generará 90.000 millones de euros menos que el ejercicio pasado.

Todo después de una campaña de verano desastrosa, producida en gran medida por la falta de control de la enfermedad, que ha espantado a la gran mayoría de visitantes extranjeros.

El mal año del sector turístico tendrá un impacto en nuestro PIB del 7,2 % en términos anuales. Nuestra economía ha producido unos 150.000 millones menos que hace un año. Es decir, ya acumulamos una caída del producto interior bruto de más del 12 %, también en términos anuales. Por lo que podríamos enfrentarnos a un retroceso del PIB superior al 15 % al final del ejercicio, en el mejor de los casos, sin nuevos confinamientos, totales o parciales, ni en nuestro país ni en nuestros principales socios comerciales. Harán falta cinco buenos ejercicios de crecimiento para recuperar el nivel de riqueza perdido en medio año.

Un panorama muy oscuro que precisa de bastantes medidas económicas sensatas, rápidas y de gran alcance, para no convertirse en un escenario de pesadilla. Y siempre que la evolución de la pandemia no obligue a nuevos confinamientos totales o de grandes bolsas de población.

Si queremos que nuestro PIB y nuestro empleo no caigan más del 17 %, necesitamos unos planes claros y rápidos dirigidos a potenciar la actividad económica privada por sectores, con ayudas y exenciones fiscales.

A día de hoy no existe constancia de que existan, ni de que se esté redactando o debatiendo nada parecido. Ni el Gobierno, ni el Ministerio de Economía, ni los llamados agentes sociales, ni la oposición han propuesto nada, tampoco han comunicado que lo vayan a hacer en breve.

Una vez más, deberá ser la sociedad civil liderada por sus principales empresas la que diseñe dichos planes. Sin una hoja de ruta para la recuperación sensata, el dinero europeo no vendrá, y menos en enero, como pretende el Gobierno. Se nos agota el tiempo, la credibilidad y la moral de la población.

Por Juan Pablo Calzada Analista financiero
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