El presupuesto y el vuelo de los gansos


Para levantar el vuelo el Gobierno necesita aprobar los Presupuestos Generales del Estado a principios del otoño. La gestión de las ayudas a fondo perdido y los préstamos europeos destinados a la reconstrucción de un país maltrecho por la pandemia requiere un consenso político en torno al presupuesto. Los de abajo estarán mirando al cielo para ver cómo, adónde y cuánto tiempo son capaces de volar juntos los socios del Gobierno de izquierdas, que intentan remontar con el viento en contra. También mirarán con prismáticos a la oposición de derechas, para comprobar quién ayuda al vuelo y quién solo entorpece la formación. Toca planear, aterrizar, posarse y concentrarse en vez de dispersarse. Toca soslayar estrategias de vuelo corto y desbandada. Toca sobrevolar muros ideológicos otrora insalvables. Toca ser menos socialistas, comunistas, nacionalistas, liberales o conservadores, y ser más realistas, prácticos y pragmáticos.

La democracia no está en riesgo, pero la economía sí. Hace falta buena gestión, aunque no solo es cuestión de buenos gestores, también de buenos políticos.

No son el problema, por más que lo repita el CIS, los políticos en general, sino los políticos volátiles, centristas por la mañana y ultras por la tarde, radicales por el Twitter y moderados por el micro. Políticos incapaces de sentarse a negociar, las veces que haga falta, sobre líneas programáticas, no sobre líneas rojas, sobre retos, no sobre vetos. Si los políticos ya son el segundo problema del país, estos políticos están haciendo méritos para encabezar ese ránking negativo. Hay demasiado desafecto hacia la política por el descrédito de la clase dirigente; tanto que, para revertir esa percepción negativa, los líderes deberían, primero, soltar el lastre de los egos y, segundo, surcar los cielos; ni asaltarlos ni pedir las llaves a San Pedro. Deberían aprender del vuelo de los gansos.

Los gansos en otoño vuelan juntos, todos a una. Atraviesan los cielos formando una V porque así cada ganso corta el viento y facilita el aleteo del que viene detrás. La colaboración hace que el vuelo individual sea más eficaz y menos cansino. El ganso que intenta volar solo nota la dificultad y vuelve enseguida a la formación. Si el líder de la bandada se agota, pasa a puestos posteriores y deja su lugar a otro que lo releva, no para elevar su ego sino para prestar un servicio. Los gansos de la parte trasera de la formación montan algarabía, no para llamar la atención del líder sino para animarlo en su lucha contra el viento. Los gansos saben, por su experiencia en largas migraciones, que la ayuda mutua y el bien común son más importantes que la velocidad del líder. Los gansos no son competidores, son compañeros de viaje. Claro que hay que tener altura de miras para aprender del vuelo de los gansos.

Por Pedro Armas Profesor de la Universidad de A Coruña
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