Ambiciones


Hay estudios científicos que me encantan y aterran a partes iguales. Por ejemplo, el resumen que leí ayer de una investigación según la cual los hombres que se tienen por físicamente atractivos se muestran más prontos a cooperar (43 %) que los que se tienen por más bien feos (26 %). Y las mujeres que se consideran atractivas cooperan menos (36 %) que las que se ven poco atractivas (51 %). Casi enseguida se me vinieron a la cabeza personas que se ajustaban a esas conclusiones y personas cuyo comportamiento ejemplifica justamente lo contrario. Pero, bueno, el intríngulis está en los porcentajes, en la tendencia, y a tanto ya no llego. Por eso me hacen gracia y me aterran estas investigaciones. Además, por lo visto, los guapos también tienden a cooperar más con otros que les parecen guapos. Y ahí recordé algunos casos casi graciosos en los que la belleza autopercibida apenas coincidía con la realidad.

Me interesó también otro ensayo sobre algo para mí inimaginable: que son mayoría abrumadora los que se sienten mejor si en su trabajo los sustituye un robot que si los recambian por otra persona. Probablemente todos adivinamos por qué, tanto en el caso de los guaperas como en el de los reemplazados por robots.

Ambas realidades guardan relación íntima con el deseo de estatus, de reconocimiento social. Dicen que ahora el estatus ya no se manifiesta tanto por signos externos de poder o riqueza como por la calidad de las ideas que se defienden. Ojalá. Ojalá el estatus de las personas se definiera por el nivel humano más que por el nivel material o por el poder que exhiben. Y ojalá que tanto la formación familiar como la escolar se orientaran a fomentar tal ambición.

@pacosanchez

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