Depresiones


En España el 5,2 % de la población sufre de depresión, eso supone que alrededor de dos millones y medio de personas están envueltos en esa nube negra que tapona toda posibilidad de ser feliz.

El porcentaje en mujeres es un poco mayor que en los hombres, y la población a partir de la mediana edad la padece más.

Sabemos que cuando estamos deprimidos tenemos bajo el nivel de ciertos neurotransmisores del cerebro que están implicados en los estados emocionales. Es fácil de entender que si un fármaco antidepresivo es capaz de normalizar los niveles de dichas sustancias; el problema estará resuelto o, por lo menos, aliviado. Es así.

Lo complicado está en comprender y explicar ¿por qué nos bajan los niveles de neurotransmisores? Ahí empieza la complejidad humana y los fracasos terapéuticos porque, por mucha gasolina que nos echen, si tenemos un agujero en el depósito, nunca llegaremos a conseguir una autonomía suficiente para vivir tranquilos.

Los motivos que hacen bajar esos niveles pueden tener un origen orgánico causado por múltiples enfermedades, factores genéticos o alteraciones metabólicas. Pero son las menos.

A lo largo de la vida hay bajones de niveles insoslayables; todo cambio de etapa en el ciclo vital de una persona: infancia, adolescencia, juventud, madurez y vejez, son períodos de cierto desequilibrio psíquico: la crisis adolescente, la de los cuarenta -hoy son los cincuenta- o la del jubilado, son su expresión cotidiana.

El tiempo que se tarda en estabilizarse en la etapa a la que se entra y desprenderse de todo de la que se sale, son momentos de desequilibrio sazonados de angustia y depresión, por que el sentimiento de pérdidas, reales y simbólicas, que significa avanzar en la vida vacía los depósitos de combustible emocional.

Lo mismo ocurre cuando se transita por el ciclo vital familiar; el paso del cortejo, al emparejamiento, el nacimiento de un hijo, la crianza, la salida de los hijos de casa y advenimiento de nietos, yernos y nueras, son también momentos delicados.

Transitar por el ciclo vital humano es un tour de force psíquico, en el que a muchos les da la pájara y a otros el señor del mazo. Si a lo inevitable del humano -vivir- se le añade el contexto dónde se desarrolla toda esa película, es fácil de entender que los bajones neuroquímicos sean tan frecuentes.

Pero hay más complejidad en el asunto. Hay que tener en cuenta que cada vida es un mundo que cambia cuando estás enfermo, enamorado, pierdes a un ser querido o aún peor, si pierdes el honor, el poder, la dignidad, los likes y más cosas que solo existen en nuestra mente.

La felicidad está reservada para la infancia y los períodos de estabilidad.

Pocos.

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