He visto el vídeo de la campaña del Ministerio de Sanidad para concienciar a los jóvenes sobre el coronavirus. Al parecer se ha hecho de cara al inicio de las clases en colegios y universidades, y de él se puede extraer que nuestros jóvenes son más borrachos, drogadictos, inconscientes e irresponsables que los de otros países, pues ya se sabe que vivimos en el peor de los países posibles donde la gente es genéticamente defectuosa y prefiere tomar sangría a tomar precauciones.

Todas estas homilías de nuestros gobernantes a cualquier nivel están empezando a resultar obscenas. En ningún país de nuestro entorno se ha tenido meses encerrados a los niños, por ejemplo. Pero ahora que pueden salir, la consejera de Salud del gobierno vasco, Nekane Murga, advirtió en agosto del peligro que supone ir a la plaza del pueblo y ver a doscientos niños jugando sin mascarilla. Al aire libre, sí, donde se dan pocos contagios. Hace unos días esta persona afirmó que hay más de 40 personas en la UCI que probablemente se han infectado porque alguien ha estado de copas sin que nadie le diga lo fuera de lugar y probablemente de la realidad que está esa afirmación. Diariamente se nos advierte de que cada vez los infectados son más jóvenes, como en el caso de Madrid, donde se aseguró esto debido a que la mayoría de infectados tiene entre quince y cincuenta y nueve años. Nadie se ha puesto ni medio colorado con esto.

Después de meses en los que las únicas noticias parecen ser las relacionadas con la pandemia, la gente vive en un estado de paranoia considerable. Es algo difícil de evitar para los españoles de a pie. Es complicado sustraerse de ello. Lo que es menos comprensible es que en ciertos medios se fomente la paranoia y que estemos empezando a encontrar aceptable la delación, que se hagan afirmaciones sin pruebas con el aplomo de quienes saben mentir y que el Gobierno, los gobiernos, accedan a tomar medidas más y más restrictivas para que parezca que están haciendo algo aunque sea evidente que no están funcionando.

Este país lleva meses maltratando a los niños restringiendo sus vidas todo lo posible. Seguimos teniendo más contagios que quienes no han tomado la decisión de emparedar durante meses a los más pequeños. Se sigue mintiendo en todas partes sobre la capacidad de contagio que tienen. Se siguen cerrando parques cuando al aire libre es poco probable un contagio. Como ninguna de estas medidas funciona, solo queda achacar los contagios a la irresponsabilidad de la población. Se toman anécdotas como la de la surfista detenida estos días que estaba en cuarentena por dar positivo en COVID-19 para generalizar un comportamiento que no existe de forma generalizada. Si tenemos más contagios es porque somos más tontos, más irresponsables y estúpidos que otros habitantes de la Unión Europea, ese es el mensaje. 

Lo que no ha hecho ningún ministro, consejero, presidente o rey,  es señalar el elefante que tenemos en la habitación desde hace décadas: la explotación laboral. Por mucho que se insista en el teletrabajo, la realidad es que quienes pueden ejercerlo no son la mayoría. Los trabajadores peor pagados y peor tratados tenemos que acudir a diario a nuestro centro de trabajo. Y somos la mayoría.  Hay un goteo constante de brotes en empresas cuyos nombres se tratan de ocultar sistemáticamente, y se nos suele decir que ha habido un brote en un cumpleaños como si el virus hubiera surgido ahí por generación espontánea. Los contagios se deben a que un día le diste un abrazo a tu abuela, no a que tengas que ir a trabajar en condiciones penosas y volver a tu casa de cincuenta metros cuadrados con toda tu familia. Este es un problema de difícil solución, y cuando hay un problema complejo en España se intenta solucionar con medidas que no van a solucionar nada. ¿Hay un problema de acceso a la vivienda, de alquileres monstruosos e hipotecas que heredarán tus nietos? Los okupas. ¿Nuestro país tiene una precariedad laboral muy superior a la de otros países de la UE y eso incide negativamente en la evolución de la pandemia? Culpemos a los botellones al aire libre, a las terrazas al aire libre y a nuestra genética defectuosa, a nuestra imbecilidad congénita. Hablamos de nosotros como si fuéramos holandeses viendo cómo los españoles nos gastamos su dinero.

Si España ha tomado medidas más restrictivas que el resto de Europa para plantar cara a la pandemia y ni así somos capaces de frenar el avance del virus, ¿no creen que deberíamos poner el foco en otro lado? No soy tan inocente como para creer que todos los contagios se dan en el entorno laboral. Pero tampoco soy tan estúpido como para creer que la situación que se vive en muchas partes de España es debida a que nos gusta abrazarnos y beber alcohol. Dejen de insultarnos.

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

El botellón