Geoestrategia y cambio en pandemia


«Una nación puede obtener los resultados que quiere en política mundial porque otros países -admiran sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y apertura- quieren seguirlo». Poder blando. Joseph Nye.

Ya se sabe que lo que importa es que la pandemia pase de la manera menos lesiva posible, de modo que se cumplan las medidas higiénicas, se mejoren los recursos de salud pública para la contención de la transmisión del virus y se investiguen con éxito los tratamientos y vacunas apropiados, sin prisa pero sin pausa. Aunque todavía no será la nueva normalidad, sí al menos una incertidumbre soportable. Sin embargo, en la situación en la que nos encontramos hay algo más que debería hacernos pensar: que en España no disponíamos de los medios adecuados para primero prevenir y luego para salir del atolladero en que nos ha metido el nuevo coronavirus del sars-cov2.

A nuestro favor: al menos, que nuestra actuación durante la pandemia no ha sido como la de los países del negacionismo, Brasil y Gran Bretaña, unas caricaturas del populismo trumpiano. Pero, en general, nos ha podido la soberbia: los países occidentales nos hemos creído más fuertes de lo que en realidad éramos y hemos pagado el precio tanto de la inercia como de las políticas neoliberales de austeridad de los últimos años. El nuestro, en particular, no ha estado además bien gobernado, y no solo por las derechas, desde la crisis financiera de 2008. Nuestros malos resultados en la pandemia tienen mucho que ver con algunos errores propios, como una desescalada precipitada para intentar salvar la temporada turística, así como también con un sistema laboral de gran precariedad, y que entre los temporeros se retrotrae al esclavismo, y por otra parte con la debilidad crónica de nuestro sistema de salud pública y el modelo residencial.

A alguno de esos errores, con efectos catastróficos para las generaciones más jóvenes, y que seguramente traerán secuelas en la formación y el futuro de muchos de ellos, habría que sumar la obcecación de algunas CCAA por continuar en el comienzo de este curso académico con la docencia telemática que protagonizó el final del curso pasado, incluso en el nivel universitario, a pesar de sus malos resultados comprobados y de que precisamente por ello la mayoría de los gobiernos autonómicos acordaron en julio con todos los estamentos educativos el conjunto de disposiciones, medios materiales y humanos a contratar, para preparar un comienzo de curso de nuevo presencial, con el objetivo de que la educación sea digna de tal nombre y siga funcionando para formar ciudadanos y como ascensor social. La pandemia está interpelando al sistema educativo y está dejando al desnudo que ni éste ni la juventud son una prioridad para gran parte de las Administraciones. Pero no ha sido España el único país al que la pandemia le ha sido pillado sin preparar. A su lado, el conjunto de la UE ha perdido millones de puestos de trabajo en los últimos años a causa de la robotización, de la deslocalización y del abandono de la política industrial, y esas fugas de producción a terceros países han roto multitud de cadenas de suministros críticos que se han echado en falta una vez más al principio de la pandemia. El objetivo debiera ser la recuperación de esas cadenas para la producción de artículos cruciales, incluyendo equipos médicos (la hiperglobalizacion puesta en entredicho), lo que implica también la recuperación de las inversiones en innovación y en I+D, en particular en los países más rezagados como el nuestro.

Los tiempos que vienen serán por fuerza tiempos de una profunda reconfiguración geoestratégica, y esta va a incluir no solo el comercial o el tan silencioso como cada día más peligroso ámbito militar, sino también una nueva política tecnológica y por supuesto en lo inmediato el hallazgo de una vacuna eficaz contra el sars-cov-2, Lo que se ha llamado «vincular la digitalización con la geopolítica». A todo esto, se diría que la UE sigue atascada a la hora de dar una respuesta autónoma a los diferentes problemas y emergencias como la pandemia, pero también en relación con retos tan estratégicos como el cambio climático o la crisis migratoria. Pero lo cierto es que Europa, con el auge de China, y el declive de los USA, debería y puede jugar un papel autónomo muy importante que equilibre los signos crecientes (acelerados por la pandemia) de segunda guerra fría que presenta la aldea global. Sin ir más lejos, Europa puede, además, ser la referencia de un modelo político abierto, basado en la democracia, el estado de bienestar y los derechos humanos. Para eso hay que poner coto tanto a los nacionalismos y autoritarismos de los Estados como a la hiperglobalización del capital.

Por último, hay una creencia en los Estados Unidos bastante generalizada entre sus historiadores: el sistema político americano tiene una importante propensión a protagonizar guerras frías, de modo que si la Unión Soviética no hubiese sido el adversario en su día, cualquier otro país habría ocupado su sitio. No hay duda de que se está forjando una gran rivalidad tecnológica entre las dos grandes potencias, que es, hoy por hoy, fundamentalmente tecnológica y comercial (inteligencia artificial, superconductores, etcétera). En definitiva, como piensan distintos observadores, China y USA se están preparando para una larga e intensa batalla, que probablemente no va a cambiar gran cosa sea cual sea el resultado de las elecciones de noviembre. Europa también debería preparase. Difícil, pero no imposible.

Gaspar Llamazares y Miguel Souto Bayarri. Médicos.

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