Geoestrategia y cambio en pandemia

OPINIÓN

15 sep 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Una nación puede obtener los resultados que quiere en política mundial porque otros países -admiran sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y apertura- quieren seguirlo». Poder blando. Joseph Nye.

Ya se sabe que lo que importa es que la pandemia pase de la manera menos lesiva posible, de modo que se cumplan las medidas higiénicas, se mejoren los recursos de salud pública para la contención de la transmisión del virus y se investiguen con éxito los tratamientos y vacunas apropiados, sin prisa pero sin pausa. Aunque todavía no será la nueva normalidad, sí al menos una incertidumbre soportable. Sin embargo, en la situación en la que nos encontramos hay algo más que debería hacernos pensar: que en España no disponíamos de los medios adecuados para primero prevenir y luego para salir del atolladero en que nos ha metido el nuevo coronavirus del sars-cov2.

A nuestro favor: al menos, que nuestra actuación durante la pandemia no ha sido como la de los países del negacionismo, Brasil y Gran Bretaña, unas caricaturas del populismo trumpiano. Pero, en general, nos ha podido la soberbia: los países occidentales nos hemos creído más fuertes de lo que en realidad éramos y hemos pagado el precio tanto de la inercia como de las políticas neoliberales de austeridad de los últimos años. El nuestro, en particular, no ha estado además bien gobernado, y no solo por las derechas, desde la crisis financiera de 2008. Nuestros malos resultados en la pandemia tienen mucho que ver con algunos errores propios, como una desescalada precipitada para intentar salvar la temporada turística, así como también con un sistema laboral de gran precariedad, y que entre los temporeros se retrotrae al esclavismo, y por otra parte con la debilidad crónica de nuestro sistema de salud pública y el modelo residencial.